domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 8


Cuando vio a Gonzalo marcharse corriendo Luly se derrumbó, empezó a llorar con rabia y desesperación. Hacía un mes que conocía a Gonzalo, pero podía decir con la boca bien grande que lo quería, que estaba totalmente enamorada de él y cada día que pasaba se veía un pasito más lejos de él.

La chica ocupó el sitio que había dejado libre Gonzalo y adoptó la misma postura, se tapó la cara con las manos, se agachó hasta que sus manos tocaron sus rodillas y siguió llorando como una cría. En ese momento alguien le pasó un brazo por la espalda y le dio un tierno beso en el pelo. La chica se giró con la esperanza de encontrar a su argentino, pero lo que vio fueron los enormes ojos  de Sergio, uno de sus compañeros de trabajo. Sergio era un par de años mayor que ella, muy alto (superaba el metro noventa) y delgado, muy moreno, tanto de piel como de cabello y llevaba un precioso tatuaje en su antebrazo izquierdo. Sergio era el único amigo de verdad que había encontrado en Madrid, no importaba la hora que fuese, él siempre estaba ahí para escucharla; aunque Luly nunca le había contado lo que sentía por Gonzalo, no entendía por qué, pero algo le decía que esa información podía esperar.

 

Luly se giró, hundió su cara en el pecho del chico, lo abrazó y continuó llorando. Sergio no le preguntó qué le pasaba, tan solo la abrazó, transmitiéndole cariño, apoyo y dulzura con ese gesto; sólo le dijo una frase:

 

-Sabes que estoy aquí para ti, ahora desahógate, tómate el tiempo que necesites y cuando estés preparada me cuentas lo que te pasa.

 

Después de más de diez minutos llorando sin parar, Luly empezó a serenarse, se separó de su amigo y le contó todo la historia con Gonzalo, lo que sentía por él y lo que había pasado entre ellos la noche que se conocieron.

Sergio no sabía cómo reaccionar, se quedó frío, no esperaba escuchar esa historia. Él estaba loco por Luly y saber que ella estaba enamorada de otro era la peor noticia que podía recibir. Se tomó unos  segundos para decidir qué hacer y optó por seguir con la versión amigo; le dijo que no se rindiese, que pelease por él, que ella era una chica increíble y guapísima y que cualquier hombre en su sano juicio daría la vida por estar con ella.

Tras oír las palabras de su amigo, Luly lo abrazó con fuerza y le pidió que la llevase a casa. Una vez allí volvió a pedirle otro favor un pelín más especial.

 -Grandullón, ¿te quedarías esta noche conmigo? No me encuentro con fuerzas para pasar otra noche sola pensando en Gonzalo y viendo películas pastelosas.

-Claro pequeñaja, me quedaré encantado. Dame cinco minutos, voy a por unas cosas, ve subiendo.

Sergio se acercó a la tienda del final de la calle y compró cervezas, helado de chocolate, palomitas y chucherías. Cuando Luly le abrió y vio todo lo que traía una gran sonrisa se dibujó en su cara, Sergio era el mejor amigo del mundo.

Al final sí hubo película pastelosa, pero verla abrazada a su amigo comiendo helado y chucherías era lo mejor que podía imaginar.

Cuando acabó la película Sergio sacó las cervezas y la botella de emergencia (una botella de Jack Daniels que Luly reservaba para los mejores y los peores momentos). Pasaron de la película noña a ver lives de MCR, Negative, Metallica …

 Se pasaban las horas volando y el alcohol iba haciendo efecto, Sergio y Luly estaban cantando a pleno pulmón y saltando en el sofá. Desde que Gonzalo pronunció la frase “y a los 17 conocí a mi chica” era la primera vez que Luly era realmente feliz, estaba en su salsa y todo gracias a su amigo

-Sergio, te quiero grandullón, eres el mejor amigo del mundo. –A Luly se le amontonaban las palabras por culpa de la borrachera.

Su amigo no pudo evitar reírse a carcajadas cuando la miró a la cara, estaba medio bizca, con un ojo casi cerrado y esa sonrisa de satisfacción que sólo ponemos cuando estamos  borrachos.

-Yo también te quiero, incluso con la cara que llevas ahora mismo. Luly se miró al espejo, después miró a su amigo y los dos rompieron a reir en una sonora carcajada.

 

El chico hizo un parón para ir al baño y fue entonces cuando aprovechó para poner sus ideas en orden. Realmente quería a Luly, ella lo veía como un amigo, pero igual era el momento de decirle lo que sentía, siempre podía echarle la culpa a la borrachera.

Pero cuando volvió al salón Luly estaba dormida como un tronco, así que lo más que pudo hacer fue cogerla en brazos para dejarla en la cama. Cuando Sergio volvía al salón para dormir en el sofá Luly le agarró por la camiseta y le dijo como pudo que se quedase con ella.

Sergio se metió en la cama con la chica, la abrazó y le dio un tierno beso en la mejilla. Estuvo mirando como dormía hasta que el sueño y el alcohol pudieron con él.

 

A la mañana siguiente Sergio se despertó pronto aunque no tenían que trabajar,  Jorge les había dado el domingo de descanso porque Lauti y su mujer volvían a Argentina el lunes y querían pasar el día en familia.

Se levantó sin hacer ruido y preparó el desayuno para los dos. Cuando acabó, volvió a la habitación para despertar a Luly.

-Pequeña alcohólica, el desayuno está listo y de postre te espera una sabrosa aspirina anti resaca.

La respuesta de la chica fue sacarle la lengua y darse media vuelta.

-No me obligues a sacarte de la cama, he preparado el desayuno y no voy a consentir que se enfría. Voy a contar hasta tres y si no te levantas voy a tirarte de la cama.

 Luly rió por lo bajo y se hizo la dormida para provocar a su amigo, que no tuvo más remedio que cogerla en brazos y llevarla al salón como si fuese un saco de patatas, echada encima del hombro.

 

Después del desayuno la chica se encargó de recoger todo el desorden que habían dejado la noche anterior mientras Sergio se daba una ducha. En ese momento su teléfono sonó, era un mensaje de Gonzalo; cuando iba a leerlo se dio cuenta de que tenía otro mensaje de él, se lo había mandado a las 3 de la mañana, pero con la que tenían formada Sergio y ella no había escuchado el móvil. Luly empezó leyendo el mensaje que Gonzalo le había dejado la noche anterior.

 

“Luly, voy a dejar a Carol, ella no me quiere y me he dado cuenta de que siento cosas muy fuertes por otra persona. Voy a ser valiente y empezaré a afrontar lo que me pasa”

 

 La chica empezó a saltar y a gritar, ¡la iba a dejar!, vale que en el mensaje no decía nada de ella, pero ¿por qué se lo iba a contar a ella a las 3 de la mañana sino era porque tenía algo que ver?

En ese momento de euforia se acordó del otro mensaje. Cuando acabó de leerlo toda la euforia que tenía después de leer el primer mensaje se esfumó.

 

Luly, he hablado con Carol, pero no puedo dejarla, me da miedo que esa persona no me corresponda y nadie vuelva a estar conmigo. Creo que voy  a volver a Argentina, por lo menos por un tiempo, para aclarar  mis ideas

 

No podía ser verdad lo que estaba leyendo, no entendía nada, primero le dice que va  a arriesgarse, que va a luchar por la persona a la que quiere, y horas después se arrepiente. La chica no pudo contener las lágrimas, si le pusieran a Gonzalo delante en ese momento lo único que haría sería darle un puñetazo en la cara.

Cuando Sergio salió del baño  y vio a Luly, sólo le dijo:

-¿Qué te ha hecho esta vez? Y la abrazó, dándole todo el cariño que Luly necesitaba en ese momento.

La chica le enseñó los mensajes y entonces Sergio se dio cuenta de que le habían dado el empujón que necesitaba para decirle lo que sentía a Luly.

 

-Lousi, está claro que esa otra persona eres tú, pero no puedes estar esperando a que se decida, ya le has lanzado mil indirectas para que se dé cuenta de lo que sientes por él y sinceramente, Gonzalo tiene que ser gilipollas, muy gilipollas, si te deja escapar por estar con una tía que se aprovecha de él. Una chica como tú merece lo mejor, y si me dejas puedo intentar dártelo. Lousi, te quiero  y no sólo como mi amiga, te quiero de verdad y si me das una oportunidad te puedo demostrar que soy la persona que te va a hacer olvidar a Gonzalo. Mira, hoy no tenemos que ir a trabajar, podemos pasar el día entero juntos, como una pareja y si cuando acabe no te gusta lo que has visto, mañana volveremos a estar como siempre. Qué me dices, ¿quieres ser mi chica por un día?

-Sergio, eres increíble, pero sabes que estoy enamorada de Gonzalo, no quiero hacerte daño o engañarte.

-No pienses en eso, déjame demostrarte todo lo que puedo ofrecerte y mañana me das la respuesta.

Luly se lo pensó un momento, pero finalmente aceptó, al fin y al cabo, Sergio era su amigo, el único que la hacía reír cuando nadie podía , era guapo, buena persona y un encanto, por qué no intentarlo. La chica lo miró unos segundos para acabar diciendo:

-Bueno grandullón, ¿y qué tienes pensado para impresionarme?

No hay comentarios:

Publicar un comentario