jueves, 24 de octubre de 2013

Capítulo 11

 

17 de enero de 2007

 

Una semana, había pasado una semana desde la pelea con Sergio, una semana desde que le hiciese daño a una de las personas más importantes de su vida. Luly había hablado con Jorge para que le diese esos días libres y así no encontrarse con Sergio en el trabajo para no incomodarlo, ¿o realmente era por miedo?, el caso era que la chica durante esa semana se había dedicado a llamar a Sergio para disculparse por lo ocurrido, pero lo único que hizo fue convertirse en la mejor amiga de su contestador. Sergio no le respondía las llamadas ni los más de 100 mensajes de texto que le había enviado y eso sólo empeoraba el estado de ánimo de la chica, que cada día que pasaba sin saber de su amigo la hacía sentir peor persona.

 

Luly estaba desesperaba, no dejaba de mirar de soslayo al mueble alcohólico, pero recordando lo que había pasado la última vez que lo asaltó lo mejor sería no probar ni gota de alcohol. En ese momento sonó la puerta. La chica fue corriendo a abrir con la esperanza de encontrarse tras ella a Sergio, pero era Gonzalo quien la reclamaba.

 

-Ah Gonza, eres tú. –Luly no pudo, ni quiso, ocultar la poca ilusión que le hacía esa visita.- ¿Qué quieres?

-Joder morochita, vaya recibimiento, casi mejor me voy.

-No Gonza, es que esperaba que fuese Sergio. Verás, hace una semana discutimos y no he vuelto a saber de él.

-¿Tan fuerte fue la discusión?

A Luly se le llenaron los ojos de lágrimas al recordar lo que Sergio le dijo después de que ella tuviese ese lapsus linguae tan desafortunado. Gonzalo se acercó a ella, la abrazó y le susurró al oído con ese acento argentino que la volvía loca:

-No te preocupes preciosa, Sergio te adora; sea lo que sea lo que haya pasado, él te perdonará, dale tiempo. Ningún hombre en su sano juicio sería capaz de alejarse de ti.

La chica le agradeció con una enorme sonrisa las palabras que acababa de decirle y lo invitó a pasar.

-Por cierto morochita, te traigo un regalo.-Dijo Gonzalo mientras le dedicaba una de esas sonrisas que hacían que se derritiese y le extendía una bolsa de papel con varios dibujos de latas y rollos de películas antiguas.

Cuando Luly vio que el contenido de la bolsa eran dos de sus películas favoritas, “Sunrise: A Song of Two Humans” y “Emma’s Glück (La Suerte de Emma)”, la cara se le iluminó como a un niño el día de Reyes.

-¡No me lo puedo creer Gonza! ¿Dónde las has encontrado? Llevo muchísimo tiempo buscando estas películas y no había manera de dar con ellas. Muchas gracias, de verdad, no sabes la ilusión que me hace.

-No tiene importancia, uno tiene sus contactos y sabe aprovecharlos.-Dijo el chico mientras enarcaba una ceja y sonreía de lado.-Me alegro de que te hayan gustado.

-Cómo para no gustarme, son dos maravillas. ¡Dime que las has visto!

Gonzalo agachó la cabeza y empezó a jugar con sus manos, mientras contestaba con un “no” muy bajito.

-¡Eso es imperdonable! Ahora mismo voy a hacer un bol de palomitas gigante y no te vas a mover de aquí hasta que no las hayas visto.

 

Empezaron con “La Suerte de Emma”, Luly era una fiel seguidora de su protagonista y vivía enamorada de todo lo que hacía, pero esa película era especial. Por supuesto acabó llorando, pero esta vez estaba acompañada de su argentino, que disimulaba como podía que estaba al borde del llanto.

 

Cuando llego el turno de “Sunrise: A Song of Two Humans” ambos se pusieron mucho más cómodos. Gonzalo se tumbó de lado en el sofá, dejando el espacio justo para que cupiese Luly y cuando la chica se recostó a su lado le pasó un brazo por encima y buscó su mano hasta que pudo entrelazarla con la suya. La chica sonrió tímidamente y se pegó aún más a él.

Los gestos de complicidad y las caricias avanzaban junto a la película, Gonzalo comenzó a darle besos en el pelo, mientras ella le hacía caricias en el brazo y la mano. Todo parecía un juego inocente hasta que uno de los besos del chico rozó, “casualmente”, el cuello de la chica. Luly se estremeció al sentir el beso de su argentino y casi como un reflejo se giró de la manera más grácil que pudo para quedar frente a él, muy cerca de su boca, casi rozándola.

-¿Y ahora qué vas a hacer pibe?- Luly lo retaba con la miraba, no quería dejarse llevar por sus hormonas, que ya saltaban al ritmo de la agitada respiración del chico.- Llevas mareándome desde la noche que me trajiste a casa, primero estaba tu novia de por medio, hace una semana me confesaste que estabas enamorado de otra y ahora te plantas en mi casa por sorpresa, me regalas dos de mis películas favoritas y dificilísimas de encontrar y te dedicas a calentarme... ¿Qué quieres, echar un polvo e irte a buscar a buscar a la otra, esa que te tiene loco? ¿O simplemente quieres torturarme un poco más con esta relación que no va a ningún sitio?

-A ti Luly, ¡te quiero a ti! Tú eres la chica de la que te hablé, tú eres la que me tiene loco desde el primer día. Pero no quería hacerte daño, me conoces, sabes que soy complicado y un inútil a la hora de expresar lo que siento. He intentado hacer las cosas lo mejor que he podido para evitar justo situaciones como esta, pero nunca sé cómo afrontar mis sentimientos, de verdad que lo siento. Ayer Sergio estuvo hablando conmigo, quiere que sepas que sólo necesita tiempo, ahora no puede hablar contigo, necesita recuperar su orgullo. Él fue quien me dijo que te contase cómo me sentía.

Luly empezó a llorar, no sabía cuál era exactamente el motivo, que Gonzalo acababa de decirle que la quería, que Sergio tardaría en hablar con ella o una mezcla de las dos cosas.

Gonzalo la abrazó hasta que se calmó, se separó un poco de ella y le dijo:

-Entiendo que quieras tiempo o que no quieras saber nada de mí, sólo necesito decirte una cosa más, es la primera vez que hago algo así, nunca he sido capaz de declararme, o lo que quiera que haya sido eso que he dicho antes. Eres muy importante para mí.


Luly le sonrió y acercó la cara del chico a la suya para besarle, pero esta vez de verdad, después de todo lo que habían pasado no se iba a conformar con un piquito…

domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 10

Enero de 2007

 

Habían pasado un par de meses desde el fin de semana con Sergio. Luly siempre había visto esa relación condenada al fracaso y no se equivocaba. Lo intentaron durante una semana, pero la chica se sentía fatal, tenía la sensación de estar engañando a su amigo porque no podía quitarse al argentino de la cabeza…Ainss, el argentino, ese era otro tema; Gonzalo había estado un mes en Argentina, aclarando sus ideas y sus sentimientos. Nada más llegó a Madrid llamó a Luly para avisarla de su regreso y comentarle, de manera sutil, que lo había dejado con Carol definitivamente. Desde la vuelta de Gonzalo los dos estaban mucho más unidos, pero como amigos y Sergio, aunque lo intentaba con todas sus fuerzas, no pudo evitar distanciarse un poco de Luly. Por su parte, la chica hizo la visita navideña a sus padres y disfrutó de unos días rodeada de sus amigos y su familia que hicieron que volviese a Madrid con las pilas cargadas. En la cafetería todo seguía igual, trabajaba por las tardes y los sábados daba su mini concierto. En el instituto tenía muy buenas notas y pocos amigos, ya que centraba toda su energía en sacar las asignaturas y trabajar.

 

10 de enero

 

Como cada día, Luly había ido a clase por la mañana y después de comer y estudiar un poco había llegado a la cafetería muy puntual. Lo raro fue que el único que estaba dentro era Gonzalo. 

-Gonza, ¿qué pasa con el resto de los chicos?

-Verás morochita, les he pedido que llegasen un poco más tarde hoy para que tú y yo pudiésemos hablar tranquilamente.

Luly sólo pudo mover la cabeza en un gesto de aprobación mientras le suplicaba con la mirada que le explicase lo que quería antes de que le diese un ataque al corazón.

-A ver cómo te digo esto, eres mi mejor amiga aquí y sé que puedo confiar en ti para cualquier cosa.-El chico estaba realmente nervioso, no paraba de mover las manos mientras miraba al suelo mostrando así su vergüenza.- Es que creo que me gusta una chica y no sé cómo decírselo, no dejo de pensar en ella, me resulta imposible quitármela de la cabeza. Quiero que sepa todo lo que siento pero me da miedo que ella no me corresponda, morochita, ¿qué hago?

Luly estaba desconcertada, le estaba resultando realmente difícil controlar toda la rabia que sentía en ese momento, ¿de verdad estaba enamorado de otra? La chica hizo un gran esfuerzo evitando ponerse a llorar ahí mismo y aconsejó al que por lo visto sólo sería su amigo lo mejor que pudo:

-Pues no sé Gonzalo, observa cómo se comporta cuando está contigo, cómo te mira, si le gusta sentirte cerca cuando habláis porque busca cierto contacto contigo y si ves que tienes la más mínima posibilidad ve a por ella, eres un chico fantástico, seguro que te dice que siente lo mismo.

-Gracias bebé, eres realmente una amiga. 

Esa última frase destrozó a Luly y a la poca esperanza que tenía de estar con Gonzalo. Ya no podía más, así que esperó hasta que llegó Jorge y le dijo que estaba enferma, que necesitaba descansar. A Jorge le bastó mirar la mala cara de la chica para no dudar de su palabra y la dejó marcharse.

 

Cuando la Lousi llegó a su piso fue directa al mueble alcohólico de las emergencias y sacó la botella de Jack Daniels de reserva y un poco de tequila que quedaba en un botella de la que desconocía su existencia, se puso el disco de LeatherMouth, también conocido como el disco para gritar y sacar toda la mierda que guardaba y empezó a bebes, llorar y gritar bajo la voz de Frank Iero.

Ya había escuchado el disco entero dos veces, había acabado el tequila y la botella de su adorado Jack estaba llegando a la mitad, cuando se levantó del sofá de un salto para buscar el móvil y hacer la que sería  la llamada más egoísta de su vida:

-¿Grandullón? Te necesito, por favor ven a mi piso.

Sergio vaciló unos segundos, pero Lousi era su debilidad, sabía que había pasado algo con Gonzalo y no era capaz de dejarla así.

-Salgo para allá ahora mismo niña.

 

Nada más sonar el timbre Luly salió disparada hacia la puerta y casi no la había abierto cuando ya estaba colgada del cuello de Sergio buscando su boca.

El chico intentó evitar el beso, pero era ella, era su pequeña, su debilidad y se dejó hacer mientras la chica lo besaba con ansia, con rabia, con fuerza. En el momento en el que la chica quiso quitarle la camiseta Sergio la frenó, atrapando sus brazos con una mano:

-¿Estás segura de que esto es lo que quieres? Luly, no me vuelvas loco, ya sabes lo que siento por ti.

La chica le contestó con una media sonrisa terriblemente sexy que lo desarmó.

Empezaron a hacer el amor como animales, Luly no le demostraba el más mínimo nivel de cariño, casi no lo besaba, no dejaba que la tocase, parecía que sólo quería desahogarse y eso lo estaba haciendo que se sintiese como un saco de boxeo, un sparring con el que descargar toda su rabia. En ese momento Sergio volvió a pararla, pero ojalá no lo hubiese hecho, porque hubiese preferido no escuchar la reacción de la chica:

-¿Qué haces? ¿Por qué coño paras Gonzalo? Luly no sabía dónde meterse cuando fue consciente de lo que había dicho y se sintió la peor persona del mundo cuando vio que Sergio estaba llorando.

-¿Gonzalo? ¡¿Gonzalo?! ... ¡No Luly, no, me llamo Sergio, Seeer-Giooo! ¡Gonzalo es el que te está mareando, el que lleva loco por ti desde que te vio pero no tiene cojones para decírtelo! Yo soy tu amigo fiel, el que acude en tu ayuda cada vez que lo necesitas, el que te confesó lo que sentía por ti arriesgando muchas cosas, el que ha salido de su casa corriendo porque tú lo necesitabas para echar un polvo pensando en otro, ese soy yo, ¡el gilipollas de turno!  ¿Pero sabes una cosa? ¡Se acabó! Estoy harto de ti, harto de que me utilices a tu antojo. ¡Vete a la mierda Luly!

 Sergio se fue dando un portazo y Luly se quedó en el suelo, llorando y maldiciéndose por haber hecho esa llamada y por haber hecho daño a la única persona que de verdad la quería.

domingo, 6 de octubre de 2013

Capítulo 9

Sergio se acercó a la chica, le dedicó una de sus sonrisas perfectas y la besó. Besaba realmente bien, era un beso tierno, dulce, sus bocas encajaban a la perfección. Cuando se separaron  Luly lo miró y se mordió el labio inferior en un gesto de picardía.

-Joder grandullón, y yo que pensaba que eras tímido…Hacía tanto que no me daban un beso así.

Luly no quería pensar en Gonzalo, dedicaría el día entero a Sergio, se lo merecían los dos, su amigo por tratarla tan bien y ella por el sofocón.

 

Sergio no podía dejar de mirarla, era tan guapa y se veía tan indefensa, necesitaba abrazarla y no dejarla ir nunca, así que siguió su instinto, la cogió por la cintura y volvió a besarla; pero esta vez dejó de lado la ternura y la besó con pasión, dejando que su lengua invadiera la de la chica y recorriera cada rincón. Ella se dejaba hacer, su amigo besaba realmente bien y en el tiempo que había estado con Álex nunca la había besado así, nunca le había demostrado tanta pasión en un solo beso. Luly no pudo resistirlo más y colocó sus manos en la nuca del chico, entonces empezó a acercar la boca de éste aún más a la suya, haciendo imposible que el aire corriese entre los dos.

Cuando se separaron para recuperar el aliento ella le dedicó la mirada más ardiente que nadie pueda imaginar y prácticamente se abalanzó sobre él. La respuesta del chico fue agarrarla por las caderas para acabar cogiéndola en brazos mientras repasaba cada centímetro de su espalda por debajo de la camiseta, llegando hasta donde ésta pierda el nombre, para magrear también esa zona. Cada vez hacía más calor en el pequeño salón del piso y la respiración de ambos era entrecortada, Sergio ya estaba sin camiseta y con los pantalones desabrochados y Luly hacía tiempo estaba en ropa interior. Cuando se percataron de la situación ambos se echaron a reir

-Grandullón, ¿quién te ha dado permiso para empelotarme, y lo más importante, por qué tú llevas tanta ropa?

Sergio no había podido contestar cuando Luly ya estaba quitándole los pantalones y repasando la gomilla del cada vez más ajustado  bóxer de su compañero.

-Madre mía Sergio, no sé si esto está bien, somos amigos, muy amigos; pero te miro y no puedo resistirme. Prométeme que pase lo que pase nada va a cambiar entre nosotros.

-En primer lugar pequeñaja, hoy somos pareja, ¿te acuerdas? Y en segundo lugar, decidas lo que decidas, prometo seguir siempre a tu lado. De todas formas, si tienes dudas estamos a tiempo de parar, no quiero que te sientas presionada.

 

Escuchar esas palabras hicieron que Luly se convenciera aún más de que su amigo era el hombre perfecto para olvidar los malos momentos, además, desde que lo dejó con Álex no había catado varón y claro, no era de piedra… Así que no lo pensó más y volvió a abalanzarse sobre Sergio. Éste la dejó caer sobre el sofá para colocarse encima de ella mientras se deshacía del sujetador. Los pechos de su amiga era una de sus debilidades y cuando los tuvo frente a él no pudo evitar llevárselos a la boca, haciendo que la chica dejase escapar los primeros gemidos. Ella se vio en la obligación de devolverle el favor y colocó su mano dentro del bóxer de su amigo.

Luly intentó tomar el control de la situación haciendo un movimiento brusco para quedar a horcajadas encima del chico. Luly empezó a moverse encima del paquete de su compañero, que no dejaba de reaccionar ante los movimientos de la chica, entonces fue Sergio quien no pudo reprimir un gemido mientras le pedía a su amiga que parara con la voz entrecortada. La chica le hizo caso y paró en seco, pero sólo para quitarle los bóxers  y cambiar el movimiento de vaivén de sus caderas por el de su mano.

Sergio estaba fuera de sí, repetía el nombre de la chica una y otra vez, hasta que se incorporó de golpe, cogió a Luly como a una  muñeca y volvió a quedar encima de ella.

-Ahora me toca a mí señorita. Dijo Sergio enarcando una ceja y sonriendo pícaramente.

Entonces empezó a besar las braguitas de Luly antes de quitárselas de golpe y sin previo aviso introdujo uno de sus dedos en la chica, para poco después introducir otro, haciendo que Lousi se retorciese de placer y comenzase a gemir sin parar cuando el chico empezó a moverlos en su interior.

-Joder Sergio, no seas malo.

Sergio obedeció a la chica y con un rápido movimiento sacó los dedos del interior de Lousi para introducir otra parte de él.

El ritmo aumentaba por momentos, ambos gritaban el nombre del otro sin parar, se besaban con fuerza, se acariciaban, no dejaron ni  una parte del cuerpo del otro sin tocar, y entonces una corriente recorrió el cuerpo de Luly, haciendo que se pusiese rígida y dejase escapar un fuerte gemido. Pocos segundos después esa misma corriente recorrió el cuerpo de Sergio, que se dejó caer sobre la chica después de darle un tierno beso en los labios.

 

El día iba transcurriendo realmente bien, tomaron una ducha juntos, salieron a comer, fueron de compras y al cine y terminaron cenando en un restaurante precioso. Cuando llegaron al piso, ambos se dejaron caer en el sofá mientras miraban la tele sin ver nada. Ella pensaba en Gonzalo, no podía quitárselo de la cabeza; Sergio era un sol, dulce, simpático, tierno, pero no le daba un vuelco el corazón cada vez que lo veía o cada vez que la tocaba; mientras que le bastaba una sola mirada de Gonzalo para que se le aflojasen las piernas.

Él la miraba con la boca abierta mientras le acariciaba el pelo, la conocía bien y era totalmente consciente de que la perdía por momentos, tendría que atacar por el punto débil de la chica, la música. Así que se levantó del sofá para ir la habitación de la chica poniéndole una excusa absurda y empezó a buscar entre los CD’s hasta que dio con su objetivo: “Led Zeppelin III”.

Sin decir nada, volvió al salón, apagó la tele y puso el disco.

Ese disco era una de las debilidades de Luly, siempre decía que era una de las cosas más sexis que había oído nunca, especialmente la canción “Since I’ve Been Loving You” y Sergio iba a aprovechar ese punto extra para volver a intentar conquistar a Luly.

El chico preparó un par de copas mientras sonaba “Immigrant Song” y ambos empezaron a bailar como locos mientras pasaban las canciones. Cuando llegó LA CANCIÓN Sergio se acercó a Luly por detrás mientras le acariciaba la cintura con una mano y le apartaba el pelo con la otra para empezar a besarle el cuello. La chica sólo podía moverse al ritmo de la música mientras que se dejaba tocar por Sergio, excitándose cada vez más. El chico metió una de sus manos por debajo del jersey de Luly para empezar a acariciar esos pechos libres de sujetador que le volvían loco y la chica no pudo evitar colocar su mano hasta el ya prominente paquete de su amigo. La intensidad de las caricias iba aumentando cuando la pareja se dejó caer al suelo para empezar a desnudarse. Como si de dos poseídos se tratase empezaron a hacer el amor sin ningún tipo de miramiento, como salvajes, los dos gritaban, gemían, sollozaban sin parar, hasta que se dejaron envolver otra vez por esa corriente que ya habían experimentado en la mañana, sólo que esta vez la corriente se había multiplicado por 10.

 


Los dos cayeron rendidos mientras la música seguía sonando y entonces Luly se dio cuenta de que no pensaba en Gonzalo, lo único que quería era abrazar a Sergio, agradecerle el momento que habían vivido, besarlo y sentirlo cerca de ella. Pero esa sensación de plenitud duró poco, cuando empezó a sonar “Gallows Pole” empezó a llorar, las lágrimas caían solas sin que pudiese hacer nada por evitarlo, había cantado esa canción más de cien veces con Gonzalo mientras recogían la cafetería los fines de semana y en ese momento supo lo que tenía que hacer.