[…Pero como parecía ser costumbre, los buenos
momentos no podían durar demasiado y mientras Luly se secaba el pelo recibió un
mensaje de quien menos lo esperaba:
“Te echo de menos, hace mucho que no hablamos.
Hasta donde sé, vives en Madrid y estás haciendo el bachillerato. Luly,
necesito hablar contigo, saber de ti, necesito verte otra vez. Te sigo
queriendo como el primer día. Álex”
A Luly se le heló la sangre cuando leyó el
mensaje, no entendía por qué su ex había decidido reaparecer en su vida, una
vez más sin pedir permiso. En ese momento su cabeza era un huracán, no sabía
qué hacer, le contestaba, lo ignoraba, se lo contaba a Gonzalo…]
Habían pasado diez minutos…diez jodidos minutos, y ella
seguía sin reaccionar, sin saber qué hacer y eso la ponía aun más nerviosa. No
soportaba la manera en la que Álex la descolocaba, no soportaba ese poder que
seguía ejerciendo sobre ella.
Entonces escuchó a su argentino canturreando en la ducha con
ese estilo propio que hacía que fuese insoportable escucharlo, pero que a la
vez era increíblemente adorable, y supo que no podía perder lo mejor que tenía
en la vida por un simple sms de la persona que peor se lo había hecho pasar y
decidió contestar y cortar cualquier posible respuesta siendo lo más tajante
que pudo:
“Álex, no entiendo a qué viene este mensaje, pero te dejé
bien claro que no quiero saber nada de ti,
N-A-D-A. Estoy con alguien que me trata como merezco, me valora y me
hace feliz y además lo adoro, lo quiero como nunca he querido a nadie, así que,
para de buscarme las cosquillas y déjame tranquila. No quiero hablar contigo,
no quiero que me cuentes tu vida, no quiero contarte la mía. Sé que no te
importa una mierda cómo me va el instituto ni nada de eso. Adios”
Decidida, pulsó la tecla enviar, abrió rápidamente el mueble
alcohólico para darle un trago a los restos que quedaban en la botella de su
adorado Jack y reponer así algo de valentía, y fue derecha a contarle lo que
había pasado a Gonzalo.
Como era de esperar, al argentino no le hizo ninguna gracia el episodio “quiero
recuperar el contacto contigo después de haberte puteado hasta el extremo”,
pero estaba muy orgulloso de la reacción de su chica (obviamente, Luly había
maquillado un poco la historia y había pasado por alto el tiempo que había
tardado en reaccionar y el empujoncito de valentía que le había pedido a su
amigo Jack Daniels), era una prueba de entrega en la relación y eso lo hacía
tremendamente feliz.
Septiembre 2007
El verano había transcurrido tranquilo. Los cambios más
significativos habían sido un pequeño acercamiento con Sergio, que cada vez se
parecía más a su grandullón y un aumento en su sueldo debido al buen
funcionamiento de la cafetería los fines de semana (en gran parte gracias a los
conciertos de Luly, que cada vez atraían a más gente curiosa y deseosa de oír
cantar a la chica)
Era una etapa serena, feliz y plena en todos los aspectos de
su vida, algo raro en la vida de la chica, que estaba a escasas semanas de
hacerse un año mayor.
En la cafetería todos empezaban a planear una fiesta
sorpresa que, si salía como pensaban, sería la mejor fiesta sorpresa jamás
hecha; habría música, muuuucha música, cine, whisky y muchos regalos. Aunque sin
duda el regalo más especial iba a ser el de Gonzalo. El argentino había podido conseguir
entradas para el concierto que My Chemical Romance daba en Madrid justo el día
después del cumpleaños de su chica, que ya estaba convencida de que se había
quedado sin entradas y tenía un disgusto enorme. Además, gracias a los
contactos que aun conservaba su padre de su etapa en el mundo de la música,
tenía en su poder unos maravillosos pases VIP para poder conocer a los
integrantes del grupo; ahora sólo quedaba apañárselas para quitarle a Luly los
discos de MCR de su habitación y que así pudiesen firmarle todos y cada uno de
ellos. Incluso estaba pensando en mover algunos hilos más para intentar que su
morena de ojos profundos pudiese mostrarle sus dotes con la guitarra y su
magnífica voz a los que sin ninguna duda eran sus ídolos y referentes en el
mundo de la música.
La fecha del concierto se estaba acercando peligrosamente y
Gonza seguía sin poder tomar prestados los cds de MCR de la habitación de su
chica. Para Luly sus discos eran como un tesoro enorme, como un montón de
lingotes y monedas de oro y como tal los conservaba, lo único que le faltaba
era guardarlos bajo llave. El argentino no sabía qué hacer para conseguir su
objetivo, así que aprovechó que la amistad entre Sergio y su chica estaba
volviendo a su cauce para usar a éste como compinche en la operación “Luly te
quiero, pero no vuelvo a darte una sorpresa en la vida”.
Gonzalo llamó a Sergio para contarle la sorpresa que tenía
casi preparada para Luly y el papel fundamental que debía tener él en toda la
historia:
-Verás, había pensado hacerlo todo el mismo día del
concierto porque ella ya no esperará nada, pensará que todo el alboroto de su
cumpleaños acabó con la fiesta sorpresa. Entonces me encargaré de buscar una película que le
resulte imposible rechazar y la sacaré de casa con la excusa del cine; cuando
hayamos salido te mandaré un mensaje para que entres en su casa con la llave
que te dejaré bajo el felpudo y podrás
coger tranquilamente los cds y la guitarra. Tú serás el encargado de llevarlos
a la zona de backstage donde te estará esperando el chico que me ha ayudado a
conseguir los pases VIPs. ¿Capice? –El argentino estaba tan entusiasmado como
agobiado por todo lo que se le venía encima.
-Madre mía Gonzalo….Menudo estrés, pero todo sea porque Luly
tenga el regalo que merece. Cuenta conmigo, y no dudes en pedirme cualquier
cosa que necesites. Por cierto, no puedes hacerte una idea de lo que me alegra
ver cómo te desvives por mi enana, por fin tiene alguien que la trata
como merece. –Estas palabras hicieron que el estómago de Sergio se retorciese,
pero no podía hacer otra cosa que aceptar la relación de Luly y Gonzalo y
alegrarse de que su pequeña fuese feliz.
-Gracias Sergio, eres una pieza clave en la vida de Lousi y
me alegra ver que habéis superado los malos momentos y que apruebas lo nuestro.
Y por supuesto, muchas gracias formar parte de todo esto, ya sabes lo
importante que son esos chicos para ella.
16 de septiembre de 2007
El día D había llegado, Luly no sospechaba nada y estaba
encantada con la fiesta sorpresa del día anterior en la cual no faltó ni un
detalle. Tuvo su tarta soñada con los personajes principales de ‘Pesadilla
antes de Navidad’; tuvo a todos sus compañeros
más unidos que nunca acompañándola en su día especial; tuvo un montón de
regalos preciosos y con mucha carga emocional, como a ella le gustaba y lo más importante, tuvo a la persona que la
hacía feliz, que la cuidaba y la quería, a su lado, sin separarse de ella en
ningún momento.
Lo que Luly no sabía es que todavía le quedaba lo mejor, el
concierto de MCR.
-Lul, había pensado que podíamos ir al cine para ver esa
película que tanto tiempo llevas esperando, la de Day-Lewis, ¿cómo se llamaba?
-‘La Balada de Jack y Rose’. ¡No me digas que ya está en
cartelera!
-Sip, y había pensado que sería un buen plan para pasar la
resaca post cumple, ¿qué te parece?
-¿Qué qué me parece? ¡¿Qué que me parece?! Pues que me va a
parecer, que tengo el mejor novio del mundo y que te quiero con locura. Voy a
por mi bolso y nos vamos. O mejor aún, te doy un súper beso, cojo el bolso y
nos vamos.
La chica enrolló sus brazos alrededor del cuello del
argentino y le dio un beso tierno y rebosante de cariño, agradecimiento y, por
supuesto, pasión. –Te quiero Gonzalo. Te quiero como nunca pensé que podía
llegar a querer.-Susurró la chica en la oreja de un sonriente Gonzalo.
El camino al “cine” fue tranquilo para ella y desquiciante
para él, eso de tener que manejar más de dos cosas a la vez nunca fue su
fuerte.
Una vez recibió el mensaje de Sergio con la confirmación de
la entrega de los cds y la guitarra al chico del backstage se relajó un poco y
empezó a disfrutar de la situación; le bastaba pensar en la cara que podría su
chica cuando viese donde iban en realidad para que una sonrisa enorme iluminase
su cara.
Dejó el coche a una distancia prudente para que su chica no
se oliese nada antes del concierto y la convenció para dar un paseo antes de
entrar al “cine”.
El chico miró el reloj, era el momento de decirle hacía
donde se dirigían en realidad
-Luly, tengo que decirte una cosa. –El argentino se puso
todo lo serio que pudo, aunque tuvo que morderse el labio para no reírse al
mirar la cara de espanto que había puesto su chica- No vamos al estreno de
ninguna película, te he engañado. Espero que me perdones, pero necesitaba dar
este paseo contigo.
-Ah, muy bonito. No puedes decirme “¿por qué no damos un
paseo?” como dice todo el mundo. Tienes que engañarme como a los niños
pequeños.
Gonzalo no pudo contener más la risa y soltó una sonora carcajada
que desquició aún más a la chica.
-Perdona Luly, es que no se me ocurría otra forma de darte
la sorpresa
-¿Qué sorpresa? No intentes ar…
Luly no pudo ni terminar la frase cuando se percató de lo que sacaba su chico del bolsillo. No eran nada más y nada menos que dos
entradas para el concierto de My Chemical Romance.
-Oh dios…Oh dios…¡¿Cómo las has conseguido?!¿Por qué eres
tan bueno conmigo?¿Te he dicho ya que te quiero más que a nada y nadie en el
mundo?- La chica era la viva imagen de la felicidad, no dejaba de saltar, besas
y abrazar a Gonzalo.
Cuando pasó el ataque de amor-alegría de Luly, por fin se
dirigieron al recinto donde se celebraba el concierto. Una vez dentro, el
tiempo parecía haberse detenido para la chica, que no hacía más que contar los
minutos que faltaban para ver a sus chicos ,(como ellas los llamaba), subir al
escenario aunque según su percepción, las agujas del reloj no se movían ni un
ápice. De repente se apagaron todas las luces excepto una, un foco enorme que
alumbraba al escenario y entonces todo el mundo empezó a gritar, la batería ya
sonaba, y Frank Iero, el espejo en el cual se miraba para ser mejor guitarrista
había saltado, casi literalmente, a escena. El mejor día de su vida había comenzado.