jueves, 19 de junio de 2014

Capítulo 13

[…Pero como parecía ser costumbre, los buenos momentos no podían durar demasiado y mientras Luly se secaba el pelo recibió un mensaje de quien menos lo esperaba:

“Te echo de menos, hace mucho que no hablamos. Hasta donde sé, vives en Madrid y estás haciendo el bachillerato. Luly, necesito hablar contigo, saber de ti, necesito verte otra vez. Te sigo queriendo como el primer día. Álex”

A Luly se le heló la sangre cuando leyó el mensaje, no entendía por qué su ex había decidido reaparecer en su vida, una vez más sin pedir permiso. En ese momento su cabeza era un huracán, no sabía qué hacer, le contestaba, lo ignoraba, se lo contaba a Gonzalo…]


Habían pasado diez minutos…diez jodidos minutos, y ella seguía sin reaccionar, sin saber qué hacer y eso la ponía aun más nerviosa. No soportaba la manera en la que Álex la descolocaba, no soportaba ese poder que seguía ejerciendo sobre ella.
Entonces escuchó a su argentino canturreando en la ducha con ese estilo propio que hacía que fuese insoportable escucharlo, pero que a la vez era increíblemente adorable, y supo que no podía perder lo mejor que tenía en la vida por un simple sms de la persona que peor se lo había hecho pasar y decidió contestar y cortar cualquier posible respuesta siendo lo más tajante que pudo:
“Álex, no entiendo a qué viene este mensaje, pero te dejé bien claro que no quiero saber nada de ti,  N-A-D-A. Estoy con alguien que me trata como merezco, me valora y me hace feliz y además lo adoro, lo quiero como nunca he querido a nadie, así que, para de buscarme las cosquillas y déjame tranquila. No quiero hablar contigo, no quiero que me cuentes tu vida, no quiero contarte la mía. Sé que no te importa una mierda cómo me va el instituto ni nada de eso. Adios”
Decidida, pulsó la tecla enviar, abrió rápidamente el mueble alcohólico para darle un trago a los restos que quedaban en la botella de su adorado Jack y reponer así algo de valentía, y fue derecha a contarle lo que había pasado a Gonzalo.
Como era de esperar, al argentino no le hizo ninguna gracia el episodio “quiero recuperar el contacto contigo después de haberte puteado hasta el extremo”, pero estaba muy orgulloso de la reacción de su chica (obviamente, Luly había maquillado un poco la historia y había pasado por alto el tiempo que había tardado en reaccionar y el empujoncito de valentía que le había pedido a su amigo Jack Daniels), era una prueba de entrega en la relación y eso lo hacía tremendamente feliz.



Septiembre  2007
El verano había transcurrido tranquilo. Los cambios más significativos habían sido un pequeño acercamiento con Sergio, que cada vez se parecía más a su grandullón y un aumento en su sueldo debido al buen funcionamiento de la cafetería los fines de semana (en gran parte gracias a los conciertos de Luly, que cada vez atraían a más gente curiosa y deseosa de oír cantar a la chica)
Era una etapa serena, feliz y plena en todos los aspectos de su vida, algo raro en la vida de la chica, que estaba a escasas semanas de hacerse un año mayor.
En la cafetería todos empezaban a planear una fiesta sorpresa que, si salía como pensaban, sería la mejor fiesta sorpresa jamás hecha; habría música, muuuucha música, cine, whisky y muchos regalos. Aunque sin duda el regalo más especial iba a ser el de Gonzalo. El argentino había podido conseguir entradas para el concierto que My Chemical Romance daba en Madrid justo el día después del cumpleaños de su chica, que ya estaba convencida de que se había quedado sin entradas y tenía un disgusto enorme. Además, gracias a los contactos que aun conservaba su padre de su etapa en el mundo de la música, tenía en su poder unos maravillosos pases VIP para poder conocer a los integrantes del grupo; ahora sólo quedaba apañárselas para quitarle a Luly los discos de MCR de su habitación y que así pudiesen firmarle todos y cada uno de ellos. Incluso estaba pensando en mover algunos hilos más para intentar que su morena de ojos profundos pudiese mostrarle sus dotes con la guitarra y su magnífica voz a los que sin ninguna duda eran sus ídolos y referentes en el mundo de la música.

La fecha del concierto se estaba acercando peligrosamente y Gonza seguía sin poder tomar prestados los cds de MCR de la habitación de su chica. Para Luly sus discos eran como un tesoro enorme, como un montón de lingotes y monedas de oro y como tal los conservaba, lo único que le faltaba era guardarlos bajo llave. El argentino no sabía qué hacer para conseguir su objetivo, así que aprovechó que la amistad entre Sergio y su chica estaba volviendo a su cauce para usar a éste como compinche en la operación “Luly te quiero, pero no vuelvo a darte una sorpresa en la vida”.
Gonzalo llamó a Sergio para contarle la sorpresa que tenía casi preparada para Luly y el papel fundamental que debía tener él en toda la historia:
-Verás, había pensado hacerlo todo el mismo día del concierto porque ella ya no esperará nada, pensará que todo el alboroto de su cumpleaños acabó con la fiesta sorpresa. Entonces me encargaré de buscar una película que le resulte imposible rechazar y la sacaré de casa con la excusa del cine; cuando hayamos salido te mandaré un mensaje para que entres en su casa con la llave que te dejaré bajo el felpudo y podrás coger tranquilamente los cds y la guitarra. Tú serás el encargado de llevarlos a la zona de backstage donde te estará esperando el chico que me ha ayudado a conseguir los pases VIPs. ¿Capice? –El argentino estaba tan entusiasmado como agobiado por todo lo que se le venía encima.
-Madre mía Gonzalo….Menudo estrés, pero todo sea porque Luly tenga el regalo que merece. Cuenta conmigo, y no dudes en pedirme cualquier cosa que necesites. Por cierto, no puedes hacerte una idea de lo que me alegra ver cómo te desvives por  mi enana, por fin tiene alguien que la trata como merece. –Estas palabras hicieron que el estómago de Sergio se retorciese, pero no podía hacer otra cosa que aceptar la relación de Luly y Gonzalo y alegrarse de que su pequeña fuese feliz.
-Gracias Sergio, eres una pieza clave en la vida de Lousi y me alegra ver que habéis superado los malos momentos y que apruebas lo nuestro. Y por supuesto, muchas gracias formar parte de todo esto, ya sabes lo importante que son esos chicos para ella.


16 de septiembre de 2007

El día D había llegado, Luly no sospechaba nada y estaba encantada con la fiesta sorpresa del día anterior en la cual no faltó ni un detalle. Tuvo su tarta soñada con los personajes principales de ‘Pesadilla antes de Navidad’; tuvo  a todos sus compañeros más unidos que nunca acompañándola en su día especial; tuvo un montón de regalos preciosos y con mucha carga emocional, como a ella le gustaba y lo más importante, tuvo a la persona que la hacía feliz, que la cuidaba y la quería, a su lado, sin separarse de ella en ningún momento.
Lo que Luly no sabía es que todavía le quedaba lo mejor, el concierto de MCR.

-Lul, había pensado que podíamos ir al cine para ver esa película que tanto tiempo llevas esperando, la de Day-Lewis, ¿cómo se llamaba?
-‘La Balada de Jack y Rose’. ¡No me digas que ya está en cartelera!
-Sip, y había pensado que sería un buen plan para pasar la resaca post cumple, ¿qué te parece?
-¿Qué qué me parece? ¡¿Qué que me parece?! Pues que me va a parecer, que tengo el mejor novio del mundo y que te quiero con locura. Voy a por mi bolso y nos vamos. O mejor aún, te doy un súper beso, cojo el bolso y nos vamos.
La chica enrolló sus brazos alrededor del cuello del argentino y le dio un beso tierno y rebosante de cariño, agradecimiento y, por supuesto, pasión. –Te quiero Gonzalo. Te quiero como nunca pensé que podía llegar a querer.-Susurró la chica en la oreja de un sonriente Gonzalo.
El camino al “cine” fue tranquilo para ella y desquiciante para él, eso de tener que manejar más de dos cosas a la vez nunca fue su fuerte.
Una vez recibió el mensaje de Sergio con la confirmación de la entrega de los cds y la guitarra al chico del backstage se relajó un poco y empezó a disfrutar de la situación; le bastaba pensar en la cara que podría su chica cuando viese donde iban en realidad para que una sonrisa enorme iluminase su cara.
Dejó el coche a una distancia prudente para que su chica no se oliese nada antes del concierto y la convenció para dar un paseo antes de entrar al “cine”.

El chico miró el reloj, era el momento de decirle hacía donde se dirigían en realidad
-Luly, tengo que decirte una cosa. –El argentino se puso todo lo serio que pudo, aunque tuvo que morderse el labio para no reírse al mirar la cara de espanto que había puesto su chica- No vamos al estreno de ninguna película, te he engañado. Espero que me perdones, pero necesitaba dar este paseo contigo.
-Ah, muy bonito. No puedes decirme “¿por qué no damos un paseo?” como dice todo el mundo. Tienes que engañarme como a los niños pequeños.
Gonzalo no pudo contener más la risa y soltó una sonora carcajada que desquició aún más a la chica.
-Perdona Luly, es que no se me ocurría otra forma de darte la sorpresa
-¿Qué sorpresa? No intentes ar…
Luly no pudo ni terminar la frase cuando se percató de lo que sacaba su chico del bolsillo. No eran nada más y nada menos que dos entradas para el concierto de My Chemical Romance.
-Oh dios…Oh dios…¡¿Cómo las has conseguido?!¿Por qué eres tan bueno conmigo?¿Te he dicho ya que te quiero más que a nada y nadie en el mundo?- La chica era la viva imagen de la felicidad, no dejaba de saltar, besas y abrazar a Gonzalo.
Cuando pasó el ataque de amor-alegría de Luly, por fin se dirigieron al recinto donde se celebraba el concierto. Una vez dentro, el tiempo parecía haberse detenido para la chica, que no hacía más que contar los minutos que faltaban para ver a sus chicos ,(como ellas los llamaba), subir al escenario aunque según su percepción, las agujas del reloj no se movían ni un ápice. De repente se apagaron todas las luces excepto una, un foco enorme que alumbraba al escenario y entonces todo el mundo empezó a gritar, la batería ya sonaba, y Frank Iero, el espejo en el cual se miraba para ser mejor guitarrista había saltado, casi literalmente, a escena. El mejor día de su vida había comenzado.


viernes, 20 de diciembre de 2013

Capítulo 12

[“Gonzalo la abrazó hasta que se calmó, se separó un poco de ella y le dijo:

-Entiendo que quieras tiempo o que no quieras saber nada de mí, sólo necesito decirte una cosa más, es la primera vez que hago algo así, nunca he sido capaz de declararme, o lo que quiera que haya sido eso que he dicho antes. Eres muy importante para mí Luly.

Luly le sonrió y acercó la cara del chico a la suya para besarlo, esta vez de verdad, después de todo lo que habían pasado no se iba a conformar con un piquito…”]

 


 

Lousi y Gonzalo comenzaron un beso que parecía interminable y que dejaba claro el deseo que ambos sentían por el otro. El beso rebosaba esperanza, esperanza por un deseo cumplido, esperanza por haber encontrado a la persona que necesitaban, esperanza por empezar algo nuevo juntos y dejar atrás los malos momentos.

El beso cada vez se intensificaba más, sacando los instintos más primarios de la pareja, que no podía ocultar la pasión que sentían. Gonzalo se separó un momento de Luly para mirarla fijamente a los ojos, le dio un corto y cálido beso en los labios y le dijo una de esas frases que siempre había escuchado en las que ella llamaba “sus películas especiales”:

-Lousi, te quiero, te quiero como nunca he querido a nadie. El día que nos conocimos vi algo diferente en ti, quizás la forma en que me miraste, me hiciste sentir especial y eso había ocurrido muy pocas veces antes. Me has regalado momentos inolvidables cuando nos quedábamos hasta las tantas haciendo como que recogíamos el café. Gracias por demostrarme que puedo y merezco ser feliz.

Luly no pudo contestar, al menos no con palabras; sólo pudo sonreírle, asentir con la cabeza y besarle mientras susurraba un te quiero que apenas llegó a oídos del chico. En ese momento la prisa que parecían tener por estar juntos se esfumó. La pasión se transformó en delicadeza y volvieron a los besos eternos y las caricias.

Gonzalo volvió a separarse de la chica, esta vez para levantarse del sofá y colarse en la habitación de Luly para coger el disco de Negative.

-Creo que la ocasión merece tener banda sonora, nuestra banda sonora. –Dijo Gonzalo mientras le enseñaba el disco a la chica

El argentino puso la canción que le recordaba al día que se conocieron, a ese paseo en coche hasta la casa de Luly después del primer día que trabajaron juntos, a ese momento mágico que la chica creó cuando tocó para él “Cryin” de Joe Satriani, a ese primer y rápido beso…

Gonzalo  volvió al sofá para volver a besarla con delicadeza, aunque ésta desapareció pronto para dejar paso a una pasión contenida durante meses.

-Te quiero Gonza.- Eso fue lo único que acertó a decir Luly mientras buscaba algo de aire entre los besos de su argentino.

Empezaron a desnudarse apresuradamente con la maestría que les permitían las ganas de estar juntos y entonces fueron sólo uno.

Era la primera vez que Luly se sentía así con un chico, Álex siempre fue muy frío en la cama, buscaba la autosatisfacción, nunca pensaba en ella. Con Sergio fue diferente, su grandullón era apasionado, buscaba que ambos disfrutasen, pero no le hacía sentir lo mismo que su argentino, sin duda alguna Gonzalo era especial, significaba mucho para ella, realmente estaba enamorada de él.

Cuando pudieron reponerse del esfuerzo se dieron una ducha juntos, que terminó siendo más sucia de lo esperado.

Pero como parecía ser costumbre, los buenos momentos no podían durar demasiado y mientras Luly se secaba el pelo recibió un mensaje de quien menos lo esperaba:

“Te echo de menos, hace mucho que no hablamos. Hasta donde sé, vives en Madrid y estás haciendo el bachillerato. Luly, necesito hablar contigo, saber de ti, necesito verte otra vez. Te sigo queriendo como el primer día. Álex”

A Luly se le heló la sangre cuando leyó el mensaje, no entendía por qué su ex había decidido reaparecer en su vida, una vez más sin pedir permiso. En ese momento su cabeza era un huracán, no sabía qué hacer, le contestaba, lo ignoraba, se lo contaba a Gonzalo…


 

jueves, 24 de octubre de 2013

Capítulo 11

 

17 de enero de 2007

 

Una semana, había pasado una semana desde la pelea con Sergio, una semana desde que le hiciese daño a una de las personas más importantes de su vida. Luly había hablado con Jorge para que le diese esos días libres y así no encontrarse con Sergio en el trabajo para no incomodarlo, ¿o realmente era por miedo?, el caso era que la chica durante esa semana se había dedicado a llamar a Sergio para disculparse por lo ocurrido, pero lo único que hizo fue convertirse en la mejor amiga de su contestador. Sergio no le respondía las llamadas ni los más de 100 mensajes de texto que le había enviado y eso sólo empeoraba el estado de ánimo de la chica, que cada día que pasaba sin saber de su amigo la hacía sentir peor persona.

 

Luly estaba desesperaba, no dejaba de mirar de soslayo al mueble alcohólico, pero recordando lo que había pasado la última vez que lo asaltó lo mejor sería no probar ni gota de alcohol. En ese momento sonó la puerta. La chica fue corriendo a abrir con la esperanza de encontrarse tras ella a Sergio, pero era Gonzalo quien la reclamaba.

 

-Ah Gonza, eres tú. –Luly no pudo, ni quiso, ocultar la poca ilusión que le hacía esa visita.- ¿Qué quieres?

-Joder morochita, vaya recibimiento, casi mejor me voy.

-No Gonza, es que esperaba que fuese Sergio. Verás, hace una semana discutimos y no he vuelto a saber de él.

-¿Tan fuerte fue la discusión?

A Luly se le llenaron los ojos de lágrimas al recordar lo que Sergio le dijo después de que ella tuviese ese lapsus linguae tan desafortunado. Gonzalo se acercó a ella, la abrazó y le susurró al oído con ese acento argentino que la volvía loca:

-No te preocupes preciosa, Sergio te adora; sea lo que sea lo que haya pasado, él te perdonará, dale tiempo. Ningún hombre en su sano juicio sería capaz de alejarse de ti.

La chica le agradeció con una enorme sonrisa las palabras que acababa de decirle y lo invitó a pasar.

-Por cierto morochita, te traigo un regalo.-Dijo Gonzalo mientras le dedicaba una de esas sonrisas que hacían que se derritiese y le extendía una bolsa de papel con varios dibujos de latas y rollos de películas antiguas.

Cuando Luly vio que el contenido de la bolsa eran dos de sus películas favoritas, “Sunrise: A Song of Two Humans” y “Emma’s Glück (La Suerte de Emma)”, la cara se le iluminó como a un niño el día de Reyes.

-¡No me lo puedo creer Gonza! ¿Dónde las has encontrado? Llevo muchísimo tiempo buscando estas películas y no había manera de dar con ellas. Muchas gracias, de verdad, no sabes la ilusión que me hace.

-No tiene importancia, uno tiene sus contactos y sabe aprovecharlos.-Dijo el chico mientras enarcaba una ceja y sonreía de lado.-Me alegro de que te hayan gustado.

-Cómo para no gustarme, son dos maravillas. ¡Dime que las has visto!

Gonzalo agachó la cabeza y empezó a jugar con sus manos, mientras contestaba con un “no” muy bajito.

-¡Eso es imperdonable! Ahora mismo voy a hacer un bol de palomitas gigante y no te vas a mover de aquí hasta que no las hayas visto.

 

Empezaron con “La Suerte de Emma”, Luly era una fiel seguidora de su protagonista y vivía enamorada de todo lo que hacía, pero esa película era especial. Por supuesto acabó llorando, pero esta vez estaba acompañada de su argentino, que disimulaba como podía que estaba al borde del llanto.

 

Cuando llego el turno de “Sunrise: A Song of Two Humans” ambos se pusieron mucho más cómodos. Gonzalo se tumbó de lado en el sofá, dejando el espacio justo para que cupiese Luly y cuando la chica se recostó a su lado le pasó un brazo por encima y buscó su mano hasta que pudo entrelazarla con la suya. La chica sonrió tímidamente y se pegó aún más a él.

Los gestos de complicidad y las caricias avanzaban junto a la película, Gonzalo comenzó a darle besos en el pelo, mientras ella le hacía caricias en el brazo y la mano. Todo parecía un juego inocente hasta que uno de los besos del chico rozó, “casualmente”, el cuello de la chica. Luly se estremeció al sentir el beso de su argentino y casi como un reflejo se giró de la manera más grácil que pudo para quedar frente a él, muy cerca de su boca, casi rozándola.

-¿Y ahora qué vas a hacer pibe?- Luly lo retaba con la miraba, no quería dejarse llevar por sus hormonas, que ya saltaban al ritmo de la agitada respiración del chico.- Llevas mareándome desde la noche que me trajiste a casa, primero estaba tu novia de por medio, hace una semana me confesaste que estabas enamorado de otra y ahora te plantas en mi casa por sorpresa, me regalas dos de mis películas favoritas y dificilísimas de encontrar y te dedicas a calentarme... ¿Qué quieres, echar un polvo e irte a buscar a buscar a la otra, esa que te tiene loco? ¿O simplemente quieres torturarme un poco más con esta relación que no va a ningún sitio?

-A ti Luly, ¡te quiero a ti! Tú eres la chica de la que te hablé, tú eres la que me tiene loco desde el primer día. Pero no quería hacerte daño, me conoces, sabes que soy complicado y un inútil a la hora de expresar lo que siento. He intentado hacer las cosas lo mejor que he podido para evitar justo situaciones como esta, pero nunca sé cómo afrontar mis sentimientos, de verdad que lo siento. Ayer Sergio estuvo hablando conmigo, quiere que sepas que sólo necesita tiempo, ahora no puede hablar contigo, necesita recuperar su orgullo. Él fue quien me dijo que te contase cómo me sentía.

Luly empezó a llorar, no sabía cuál era exactamente el motivo, que Gonzalo acababa de decirle que la quería, que Sergio tardaría en hablar con ella o una mezcla de las dos cosas.

Gonzalo la abrazó hasta que se calmó, se separó un poco de ella y le dijo:

-Entiendo que quieras tiempo o que no quieras saber nada de mí, sólo necesito decirte una cosa más, es la primera vez que hago algo así, nunca he sido capaz de declararme, o lo que quiera que haya sido eso que he dicho antes. Eres muy importante para mí.


Luly le sonrió y acercó la cara del chico a la suya para besarle, pero esta vez de verdad, después de todo lo que habían pasado no se iba a conformar con un piquito…

domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 10

Enero de 2007

 

Habían pasado un par de meses desde el fin de semana con Sergio. Luly siempre había visto esa relación condenada al fracaso y no se equivocaba. Lo intentaron durante una semana, pero la chica se sentía fatal, tenía la sensación de estar engañando a su amigo porque no podía quitarse al argentino de la cabeza…Ainss, el argentino, ese era otro tema; Gonzalo había estado un mes en Argentina, aclarando sus ideas y sus sentimientos. Nada más llegó a Madrid llamó a Luly para avisarla de su regreso y comentarle, de manera sutil, que lo había dejado con Carol definitivamente. Desde la vuelta de Gonzalo los dos estaban mucho más unidos, pero como amigos y Sergio, aunque lo intentaba con todas sus fuerzas, no pudo evitar distanciarse un poco de Luly. Por su parte, la chica hizo la visita navideña a sus padres y disfrutó de unos días rodeada de sus amigos y su familia que hicieron que volviese a Madrid con las pilas cargadas. En la cafetería todo seguía igual, trabajaba por las tardes y los sábados daba su mini concierto. En el instituto tenía muy buenas notas y pocos amigos, ya que centraba toda su energía en sacar las asignaturas y trabajar.

 

10 de enero

 

Como cada día, Luly había ido a clase por la mañana y después de comer y estudiar un poco había llegado a la cafetería muy puntual. Lo raro fue que el único que estaba dentro era Gonzalo. 

-Gonza, ¿qué pasa con el resto de los chicos?

-Verás morochita, les he pedido que llegasen un poco más tarde hoy para que tú y yo pudiésemos hablar tranquilamente.

Luly sólo pudo mover la cabeza en un gesto de aprobación mientras le suplicaba con la mirada que le explicase lo que quería antes de que le diese un ataque al corazón.

-A ver cómo te digo esto, eres mi mejor amiga aquí y sé que puedo confiar en ti para cualquier cosa.-El chico estaba realmente nervioso, no paraba de mover las manos mientras miraba al suelo mostrando así su vergüenza.- Es que creo que me gusta una chica y no sé cómo decírselo, no dejo de pensar en ella, me resulta imposible quitármela de la cabeza. Quiero que sepa todo lo que siento pero me da miedo que ella no me corresponda, morochita, ¿qué hago?

Luly estaba desconcertada, le estaba resultando realmente difícil controlar toda la rabia que sentía en ese momento, ¿de verdad estaba enamorado de otra? La chica hizo un gran esfuerzo evitando ponerse a llorar ahí mismo y aconsejó al que por lo visto sólo sería su amigo lo mejor que pudo:

-Pues no sé Gonzalo, observa cómo se comporta cuando está contigo, cómo te mira, si le gusta sentirte cerca cuando habláis porque busca cierto contacto contigo y si ves que tienes la más mínima posibilidad ve a por ella, eres un chico fantástico, seguro que te dice que siente lo mismo.

-Gracias bebé, eres realmente una amiga. 

Esa última frase destrozó a Luly y a la poca esperanza que tenía de estar con Gonzalo. Ya no podía más, así que esperó hasta que llegó Jorge y le dijo que estaba enferma, que necesitaba descansar. A Jorge le bastó mirar la mala cara de la chica para no dudar de su palabra y la dejó marcharse.

 

Cuando la Lousi llegó a su piso fue directa al mueble alcohólico de las emergencias y sacó la botella de Jack Daniels de reserva y un poco de tequila que quedaba en un botella de la que desconocía su existencia, se puso el disco de LeatherMouth, también conocido como el disco para gritar y sacar toda la mierda que guardaba y empezó a bebes, llorar y gritar bajo la voz de Frank Iero.

Ya había escuchado el disco entero dos veces, había acabado el tequila y la botella de su adorado Jack estaba llegando a la mitad, cuando se levantó del sofá de un salto para buscar el móvil y hacer la que sería  la llamada más egoísta de su vida:

-¿Grandullón? Te necesito, por favor ven a mi piso.

Sergio vaciló unos segundos, pero Lousi era su debilidad, sabía que había pasado algo con Gonzalo y no era capaz de dejarla así.

-Salgo para allá ahora mismo niña.

 

Nada más sonar el timbre Luly salió disparada hacia la puerta y casi no la había abierto cuando ya estaba colgada del cuello de Sergio buscando su boca.

El chico intentó evitar el beso, pero era ella, era su pequeña, su debilidad y se dejó hacer mientras la chica lo besaba con ansia, con rabia, con fuerza. En el momento en el que la chica quiso quitarle la camiseta Sergio la frenó, atrapando sus brazos con una mano:

-¿Estás segura de que esto es lo que quieres? Luly, no me vuelvas loco, ya sabes lo que siento por ti.

La chica le contestó con una media sonrisa terriblemente sexy que lo desarmó.

Empezaron a hacer el amor como animales, Luly no le demostraba el más mínimo nivel de cariño, casi no lo besaba, no dejaba que la tocase, parecía que sólo quería desahogarse y eso lo estaba haciendo que se sintiese como un saco de boxeo, un sparring con el que descargar toda su rabia. En ese momento Sergio volvió a pararla, pero ojalá no lo hubiese hecho, porque hubiese preferido no escuchar la reacción de la chica:

-¿Qué haces? ¿Por qué coño paras Gonzalo? Luly no sabía dónde meterse cuando fue consciente de lo que había dicho y se sintió la peor persona del mundo cuando vio que Sergio estaba llorando.

-¿Gonzalo? ¡¿Gonzalo?! ... ¡No Luly, no, me llamo Sergio, Seeer-Giooo! ¡Gonzalo es el que te está mareando, el que lleva loco por ti desde que te vio pero no tiene cojones para decírtelo! Yo soy tu amigo fiel, el que acude en tu ayuda cada vez que lo necesitas, el que te confesó lo que sentía por ti arriesgando muchas cosas, el que ha salido de su casa corriendo porque tú lo necesitabas para echar un polvo pensando en otro, ese soy yo, ¡el gilipollas de turno!  ¿Pero sabes una cosa? ¡Se acabó! Estoy harto de ti, harto de que me utilices a tu antojo. ¡Vete a la mierda Luly!

 Sergio se fue dando un portazo y Luly se quedó en el suelo, llorando y maldiciéndose por haber hecho esa llamada y por haber hecho daño a la única persona que de verdad la quería.

domingo, 6 de octubre de 2013

Capítulo 9

Sergio se acercó a la chica, le dedicó una de sus sonrisas perfectas y la besó. Besaba realmente bien, era un beso tierno, dulce, sus bocas encajaban a la perfección. Cuando se separaron  Luly lo miró y se mordió el labio inferior en un gesto de picardía.

-Joder grandullón, y yo que pensaba que eras tímido…Hacía tanto que no me daban un beso así.

Luly no quería pensar en Gonzalo, dedicaría el día entero a Sergio, se lo merecían los dos, su amigo por tratarla tan bien y ella por el sofocón.

 

Sergio no podía dejar de mirarla, era tan guapa y se veía tan indefensa, necesitaba abrazarla y no dejarla ir nunca, así que siguió su instinto, la cogió por la cintura y volvió a besarla; pero esta vez dejó de lado la ternura y la besó con pasión, dejando que su lengua invadiera la de la chica y recorriera cada rincón. Ella se dejaba hacer, su amigo besaba realmente bien y en el tiempo que había estado con Álex nunca la había besado así, nunca le había demostrado tanta pasión en un solo beso. Luly no pudo resistirlo más y colocó sus manos en la nuca del chico, entonces empezó a acercar la boca de éste aún más a la suya, haciendo imposible que el aire corriese entre los dos.

Cuando se separaron para recuperar el aliento ella le dedicó la mirada más ardiente que nadie pueda imaginar y prácticamente se abalanzó sobre él. La respuesta del chico fue agarrarla por las caderas para acabar cogiéndola en brazos mientras repasaba cada centímetro de su espalda por debajo de la camiseta, llegando hasta donde ésta pierda el nombre, para magrear también esa zona. Cada vez hacía más calor en el pequeño salón del piso y la respiración de ambos era entrecortada, Sergio ya estaba sin camiseta y con los pantalones desabrochados y Luly hacía tiempo estaba en ropa interior. Cuando se percataron de la situación ambos se echaron a reir

-Grandullón, ¿quién te ha dado permiso para empelotarme, y lo más importante, por qué tú llevas tanta ropa?

Sergio no había podido contestar cuando Luly ya estaba quitándole los pantalones y repasando la gomilla del cada vez más ajustado  bóxer de su compañero.

-Madre mía Sergio, no sé si esto está bien, somos amigos, muy amigos; pero te miro y no puedo resistirme. Prométeme que pase lo que pase nada va a cambiar entre nosotros.

-En primer lugar pequeñaja, hoy somos pareja, ¿te acuerdas? Y en segundo lugar, decidas lo que decidas, prometo seguir siempre a tu lado. De todas formas, si tienes dudas estamos a tiempo de parar, no quiero que te sientas presionada.

 

Escuchar esas palabras hicieron que Luly se convenciera aún más de que su amigo era el hombre perfecto para olvidar los malos momentos, además, desde que lo dejó con Álex no había catado varón y claro, no era de piedra… Así que no lo pensó más y volvió a abalanzarse sobre Sergio. Éste la dejó caer sobre el sofá para colocarse encima de ella mientras se deshacía del sujetador. Los pechos de su amiga era una de sus debilidades y cuando los tuvo frente a él no pudo evitar llevárselos a la boca, haciendo que la chica dejase escapar los primeros gemidos. Ella se vio en la obligación de devolverle el favor y colocó su mano dentro del bóxer de su amigo.

Luly intentó tomar el control de la situación haciendo un movimiento brusco para quedar a horcajadas encima del chico. Luly empezó a moverse encima del paquete de su compañero, que no dejaba de reaccionar ante los movimientos de la chica, entonces fue Sergio quien no pudo reprimir un gemido mientras le pedía a su amiga que parara con la voz entrecortada. La chica le hizo caso y paró en seco, pero sólo para quitarle los bóxers  y cambiar el movimiento de vaivén de sus caderas por el de su mano.

Sergio estaba fuera de sí, repetía el nombre de la chica una y otra vez, hasta que se incorporó de golpe, cogió a Luly como a una  muñeca y volvió a quedar encima de ella.

-Ahora me toca a mí señorita. Dijo Sergio enarcando una ceja y sonriendo pícaramente.

Entonces empezó a besar las braguitas de Luly antes de quitárselas de golpe y sin previo aviso introdujo uno de sus dedos en la chica, para poco después introducir otro, haciendo que Lousi se retorciese de placer y comenzase a gemir sin parar cuando el chico empezó a moverlos en su interior.

-Joder Sergio, no seas malo.

Sergio obedeció a la chica y con un rápido movimiento sacó los dedos del interior de Lousi para introducir otra parte de él.

El ritmo aumentaba por momentos, ambos gritaban el nombre del otro sin parar, se besaban con fuerza, se acariciaban, no dejaron ni  una parte del cuerpo del otro sin tocar, y entonces una corriente recorrió el cuerpo de Luly, haciendo que se pusiese rígida y dejase escapar un fuerte gemido. Pocos segundos después esa misma corriente recorrió el cuerpo de Sergio, que se dejó caer sobre la chica después de darle un tierno beso en los labios.

 

El día iba transcurriendo realmente bien, tomaron una ducha juntos, salieron a comer, fueron de compras y al cine y terminaron cenando en un restaurante precioso. Cuando llegaron al piso, ambos se dejaron caer en el sofá mientras miraban la tele sin ver nada. Ella pensaba en Gonzalo, no podía quitárselo de la cabeza; Sergio era un sol, dulce, simpático, tierno, pero no le daba un vuelco el corazón cada vez que lo veía o cada vez que la tocaba; mientras que le bastaba una sola mirada de Gonzalo para que se le aflojasen las piernas.

Él la miraba con la boca abierta mientras le acariciaba el pelo, la conocía bien y era totalmente consciente de que la perdía por momentos, tendría que atacar por el punto débil de la chica, la música. Así que se levantó del sofá para ir la habitación de la chica poniéndole una excusa absurda y empezó a buscar entre los CD’s hasta que dio con su objetivo: “Led Zeppelin III”.

Sin decir nada, volvió al salón, apagó la tele y puso el disco.

Ese disco era una de las debilidades de Luly, siempre decía que era una de las cosas más sexis que había oído nunca, especialmente la canción “Since I’ve Been Loving You” y Sergio iba a aprovechar ese punto extra para volver a intentar conquistar a Luly.

El chico preparó un par de copas mientras sonaba “Immigrant Song” y ambos empezaron a bailar como locos mientras pasaban las canciones. Cuando llegó LA CANCIÓN Sergio se acercó a Luly por detrás mientras le acariciaba la cintura con una mano y le apartaba el pelo con la otra para empezar a besarle el cuello. La chica sólo podía moverse al ritmo de la música mientras que se dejaba tocar por Sergio, excitándose cada vez más. El chico metió una de sus manos por debajo del jersey de Luly para empezar a acariciar esos pechos libres de sujetador que le volvían loco y la chica no pudo evitar colocar su mano hasta el ya prominente paquete de su amigo. La intensidad de las caricias iba aumentando cuando la pareja se dejó caer al suelo para empezar a desnudarse. Como si de dos poseídos se tratase empezaron a hacer el amor sin ningún tipo de miramiento, como salvajes, los dos gritaban, gemían, sollozaban sin parar, hasta que se dejaron envolver otra vez por esa corriente que ya habían experimentado en la mañana, sólo que esta vez la corriente se había multiplicado por 10.

 


Los dos cayeron rendidos mientras la música seguía sonando y entonces Luly se dio cuenta de que no pensaba en Gonzalo, lo único que quería era abrazar a Sergio, agradecerle el momento que habían vivido, besarlo y sentirlo cerca de ella. Pero esa sensación de plenitud duró poco, cuando empezó a sonar “Gallows Pole” empezó a llorar, las lágrimas caían solas sin que pudiese hacer nada por evitarlo, había cantado esa canción más de cien veces con Gonzalo mientras recogían la cafetería los fines de semana y en ese momento supo lo que tenía que hacer.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 8


Cuando vio a Gonzalo marcharse corriendo Luly se derrumbó, empezó a llorar con rabia y desesperación. Hacía un mes que conocía a Gonzalo, pero podía decir con la boca bien grande que lo quería, que estaba totalmente enamorada de él y cada día que pasaba se veía un pasito más lejos de él.

La chica ocupó el sitio que había dejado libre Gonzalo y adoptó la misma postura, se tapó la cara con las manos, se agachó hasta que sus manos tocaron sus rodillas y siguió llorando como una cría. En ese momento alguien le pasó un brazo por la espalda y le dio un tierno beso en el pelo. La chica se giró con la esperanza de encontrar a su argentino, pero lo que vio fueron los enormes ojos  de Sergio, uno de sus compañeros de trabajo. Sergio era un par de años mayor que ella, muy alto (superaba el metro noventa) y delgado, muy moreno, tanto de piel como de cabello y llevaba un precioso tatuaje en su antebrazo izquierdo. Sergio era el único amigo de verdad que había encontrado en Madrid, no importaba la hora que fuese, él siempre estaba ahí para escucharla; aunque Luly nunca le había contado lo que sentía por Gonzalo, no entendía por qué, pero algo le decía que esa información podía esperar.

 

Luly se giró, hundió su cara en el pecho del chico, lo abrazó y continuó llorando. Sergio no le preguntó qué le pasaba, tan solo la abrazó, transmitiéndole cariño, apoyo y dulzura con ese gesto; sólo le dijo una frase:

 

-Sabes que estoy aquí para ti, ahora desahógate, tómate el tiempo que necesites y cuando estés preparada me cuentas lo que te pasa.

 

Después de más de diez minutos llorando sin parar, Luly empezó a serenarse, se separó de su amigo y le contó todo la historia con Gonzalo, lo que sentía por él y lo que había pasado entre ellos la noche que se conocieron.

Sergio no sabía cómo reaccionar, se quedó frío, no esperaba escuchar esa historia. Él estaba loco por Luly y saber que ella estaba enamorada de otro era la peor noticia que podía recibir. Se tomó unos  segundos para decidir qué hacer y optó por seguir con la versión amigo; le dijo que no se rindiese, que pelease por él, que ella era una chica increíble y guapísima y que cualquier hombre en su sano juicio daría la vida por estar con ella.

Tras oír las palabras de su amigo, Luly lo abrazó con fuerza y le pidió que la llevase a casa. Una vez allí volvió a pedirle otro favor un pelín más especial.

 -Grandullón, ¿te quedarías esta noche conmigo? No me encuentro con fuerzas para pasar otra noche sola pensando en Gonzalo y viendo películas pastelosas.

-Claro pequeñaja, me quedaré encantado. Dame cinco minutos, voy a por unas cosas, ve subiendo.

Sergio se acercó a la tienda del final de la calle y compró cervezas, helado de chocolate, palomitas y chucherías. Cuando Luly le abrió y vio todo lo que traía una gran sonrisa se dibujó en su cara, Sergio era el mejor amigo del mundo.

Al final sí hubo película pastelosa, pero verla abrazada a su amigo comiendo helado y chucherías era lo mejor que podía imaginar.

Cuando acabó la película Sergio sacó las cervezas y la botella de emergencia (una botella de Jack Daniels que Luly reservaba para los mejores y los peores momentos). Pasaron de la película noña a ver lives de MCR, Negative, Metallica …

 Se pasaban las horas volando y el alcohol iba haciendo efecto, Sergio y Luly estaban cantando a pleno pulmón y saltando en el sofá. Desde que Gonzalo pronunció la frase “y a los 17 conocí a mi chica” era la primera vez que Luly era realmente feliz, estaba en su salsa y todo gracias a su amigo

-Sergio, te quiero grandullón, eres el mejor amigo del mundo. –A Luly se le amontonaban las palabras por culpa de la borrachera.

Su amigo no pudo evitar reírse a carcajadas cuando la miró a la cara, estaba medio bizca, con un ojo casi cerrado y esa sonrisa de satisfacción que sólo ponemos cuando estamos  borrachos.

-Yo también te quiero, incluso con la cara que llevas ahora mismo. Luly se miró al espejo, después miró a su amigo y los dos rompieron a reir en una sonora carcajada.

 

El chico hizo un parón para ir al baño y fue entonces cuando aprovechó para poner sus ideas en orden. Realmente quería a Luly, ella lo veía como un amigo, pero igual era el momento de decirle lo que sentía, siempre podía echarle la culpa a la borrachera.

Pero cuando volvió al salón Luly estaba dormida como un tronco, así que lo más que pudo hacer fue cogerla en brazos para dejarla en la cama. Cuando Sergio volvía al salón para dormir en el sofá Luly le agarró por la camiseta y le dijo como pudo que se quedase con ella.

Sergio se metió en la cama con la chica, la abrazó y le dio un tierno beso en la mejilla. Estuvo mirando como dormía hasta que el sueño y el alcohol pudieron con él.

 

A la mañana siguiente Sergio se despertó pronto aunque no tenían que trabajar,  Jorge les había dado el domingo de descanso porque Lauti y su mujer volvían a Argentina el lunes y querían pasar el día en familia.

Se levantó sin hacer ruido y preparó el desayuno para los dos. Cuando acabó, volvió a la habitación para despertar a Luly.

-Pequeña alcohólica, el desayuno está listo y de postre te espera una sabrosa aspirina anti resaca.

La respuesta de la chica fue sacarle la lengua y darse media vuelta.

-No me obligues a sacarte de la cama, he preparado el desayuno y no voy a consentir que se enfría. Voy a contar hasta tres y si no te levantas voy a tirarte de la cama.

 Luly rió por lo bajo y se hizo la dormida para provocar a su amigo, que no tuvo más remedio que cogerla en brazos y llevarla al salón como si fuese un saco de patatas, echada encima del hombro.

 

Después del desayuno la chica se encargó de recoger todo el desorden que habían dejado la noche anterior mientras Sergio se daba una ducha. En ese momento su teléfono sonó, era un mensaje de Gonzalo; cuando iba a leerlo se dio cuenta de que tenía otro mensaje de él, se lo había mandado a las 3 de la mañana, pero con la que tenían formada Sergio y ella no había escuchado el móvil. Luly empezó leyendo el mensaje que Gonzalo le había dejado la noche anterior.

 

“Luly, voy a dejar a Carol, ella no me quiere y me he dado cuenta de que siento cosas muy fuertes por otra persona. Voy a ser valiente y empezaré a afrontar lo que me pasa”

 

 La chica empezó a saltar y a gritar, ¡la iba a dejar!, vale que en el mensaje no decía nada de ella, pero ¿por qué se lo iba a contar a ella a las 3 de la mañana sino era porque tenía algo que ver?

En ese momento de euforia se acordó del otro mensaje. Cuando acabó de leerlo toda la euforia que tenía después de leer el primer mensaje se esfumó.

 

Luly, he hablado con Carol, pero no puedo dejarla, me da miedo que esa persona no me corresponda y nadie vuelva a estar conmigo. Creo que voy  a volver a Argentina, por lo menos por un tiempo, para aclarar  mis ideas

 

No podía ser verdad lo que estaba leyendo, no entendía nada, primero le dice que va  a arriesgarse, que va a luchar por la persona a la que quiere, y horas después se arrepiente. La chica no pudo contener las lágrimas, si le pusieran a Gonzalo delante en ese momento lo único que haría sería darle un puñetazo en la cara.

Cuando Sergio salió del baño  y vio a Luly, sólo le dijo:

-¿Qué te ha hecho esta vez? Y la abrazó, dándole todo el cariño que Luly necesitaba en ese momento.

La chica le enseñó los mensajes y entonces Sergio se dio cuenta de que le habían dado el empujón que necesitaba para decirle lo que sentía a Luly.

 

-Lousi, está claro que esa otra persona eres tú, pero no puedes estar esperando a que se decida, ya le has lanzado mil indirectas para que se dé cuenta de lo que sientes por él y sinceramente, Gonzalo tiene que ser gilipollas, muy gilipollas, si te deja escapar por estar con una tía que se aprovecha de él. Una chica como tú merece lo mejor, y si me dejas puedo intentar dártelo. Lousi, te quiero  y no sólo como mi amiga, te quiero de verdad y si me das una oportunidad te puedo demostrar que soy la persona que te va a hacer olvidar a Gonzalo. Mira, hoy no tenemos que ir a trabajar, podemos pasar el día entero juntos, como una pareja y si cuando acabe no te gusta lo que has visto, mañana volveremos a estar como siempre. Qué me dices, ¿quieres ser mi chica por un día?

-Sergio, eres increíble, pero sabes que estoy enamorada de Gonzalo, no quiero hacerte daño o engañarte.

-No pienses en eso, déjame demostrarte todo lo que puedo ofrecerte y mañana me das la respuesta.

Luly se lo pensó un momento, pero finalmente aceptó, al fin y al cabo, Sergio era su amigo, el único que la hacía reír cuando nadie podía , era guapo, buena persona y un encanto, por qué no intentarlo. La chica lo miró unos segundos para acabar diciendo:

-Bueno grandullón, ¿y qué tienes pensado para impresionarme?

viernes, 27 de septiembre de 2013

Capítulo 7

 

¡La había besado, Gonzalo la había besado! Había sido todo tan rápido, casi no podía creérselo, pero no podía dejar de pensar en Carol, Gonzalo tenía novia, en Argentina sí, pero la tenía. Estaba haciendo un gran esfuerzo por no imaginarse con Gonzalo, el chico le encantaba, pero se acababan de conocer, trabajaban juntos, era el hijo de su jefe y tenía novia. Las cosas no iban a ser demasiados fáciles y volverían a verse el domingo en la cafetería.

 

Ni Luly ni Gonzalo habían podido pegar ojo pensando en el beso y en cómo sería el reencuentro a la mañana siguiente. Finalmente, ambos optaron por la normalidad absoluta, se dieron los buenos días y empezaron a trabajar. Ese día no hubo bromas ni jueguecitos a diferencia del día anterior, cada uno atendía a su trabajo y claro, eso no pasó desapercibido para Nico, que se acercó a hablar con Luly.

-Hola morochita

-¿Morochita? No sé lo que me has llamado, pero me gusta.

-Así es como decimos morenita en Argentina. ¿Puedo preguntarte una cosa?

-Claro Nico, ¿hay algún problema?

-Verás, ayer noté que mi hermano Gonza y tú teníais mucha química desde el primer momento y hoy apenas habéis hablado, ¿pasó algo anoche? -Luly no pudo evitar sonrojarse- No sé si mi hermano te lo comentaría ayer, pero él tiene novia, a ninguno nos gusta Carol, sabemos que se beneficia de  ser la novia del hijo de, sólo busca algo de fama,  pero Gonza está enganchado a ella, he hablado varias veces con él y siempre dice lo mismo, le da miedo dejarla porque piensa que nadie va a poder enamorarse de él, que nadie va a poder querer al hijo feo de Jorge y por eso aguanta que ella lo manipule y se aproveche de él. Y ayer cuando estabais juntos vi a mi hermano feliz, sonreía de verdad, se dice que no sonríes de verdad si no lo haces con los ojos, y ayer, cuando Gonza estaba contigo, sonreía con los ojos. No es de mi incumbencia si pasó algo entre vosotros ayer, pero quiero pedirte un favor, si te gusta o crees que puede llegar a gustarte, ten paciencia y demuéstrale lo que sientes; pero si sólo lo ves como un amigo o una distracción, por favor, házselo saber ya.

Luly estaba descolocada, no sabía qué decir, Gonzalo le dijo que tenía novia, pero no le contó lo que sentía realmente, estaba claro que el chico le gustaba desde la primera vez que lo vio, pero no sabía cómo digerir lo que le había dicho Nico. La chica se limitó a darle las gracias por la charla y a prometerle que no le haría daño a su hermano.

 

Al final del día Jorge se acercó a hablar con ella, y a Luly se le aceleró el corazón, ¿no le preguntaría también por Gonzalo, verdad? Esta vez la conversación fue mucho más agradable que la que había tenido en la mañana con Nico. Su jefe le dijo que Gonzalo le había comentado que ella tocaba la guitarra muy bien y que sería una buena idea para atraer clientes que tocase los sábados por la tarde en la cafetería.

-Por casualidad, ¿sabes cantar? –Le preguntó Jorge

-Bueno, lo intento, aunque eso de exponerme en público no le llevo del todo bien.

-Si te parece bien, el sábado de la semana que viene abrimos un par de horas más tarde y hacemos unas pruebas de sonido aquí, si estás dispuestas a comprometerte y conseguimos más clientes, en un par de meses tendrás un aumento de sueldo, ¿qué me dices?

-No perdemos nada por probar.

Jorge le dedicó una gran sonrisa y le tendió la mano, Luly le devolvió ambos gestos y se dieron un gran apretón de manos.

 

 

 

Se cumplía un mes  desde la charla con su jefe y lo de los mini conciertos los sábados por la tarde estaba dando resultado, Luly llevaba mejor lo de su miedo escénico, en gran parte gracias a Gonzalo, que había cumplido su palabra de colocarse en primera fila para que le resultase más fácil tocar, aunque la relación entre ellos era algo distante. En cuanto a los temas elegidos para sus conciertos nunca faltaba algo de My Chemical Romance, normalmente “Desert song”, “Demolition Lovers” o “Disenchanted”;  Sum 41, especialmente “Crash”, “Some Say” o “Pieces” y “King For A Day” de Green Day, para alegrar un poco la tarde.

Como esa tarde celebraba el primer mes trabajando y tocando en la cafetería haría un repertorio especial y daría un paso al frente(o por lo menos lo intentaría) con Gonzalo.

 

Luly empezó tocando “Summer song” de Satriani, después algunas de sus adorados MCR y un par de Blink-182, para acabar con una dedicatoria especial.

-Hace poco un amigo y el modo aleatorio de su IPod, hicieron que descubriese un grupo finlandés impresionante, Negative, me enamoré perdidamente de ellos desde que escuché la primera nota de la canción “Touchless”. Desde entonces los he escuchado todo lo que he podido y más y ahora quiero agradecerle a ese amigo el descubrimiento de este grupo tan increíble y el hecho de llevar en este pequeño escenario un mes. Espero que mi amigo sepa que estoy hablando de él y le guste la canción de Negative que he elegido, es “Still Alive”.

Luly miró de soslayo a Gonzalo, que estaba emocionado y sonrojado y apenas podía mirarla. La chica le dedicó una gran sonrisa y empezó a cantar, mirándolo directamente a él, ni siquiera quería disimular, necesitaba cantarle cada segundo de la canción a él, en parte, ella había estado muerta desde que rompió con Álex y cuando conoció a Gonzalo volvió a vivir y a ser feliz.

La chica ponía más énfasis en algunas partes de la canción mientras Gonzalo la miraba con adoración:In my deepest fears I'm losing you, even if somebody tried to stop my heart, I'm still aliveI will never give up”, “I'm right here where you want me to be fighting with myself”.

Cuando acabó de tocar todo el mundo empezó a aplaudir y a darle la enhorabuena, pero le faltaba alguien, Gonzalo no estaba, buscó a Nico con la mirada y éste le hizo un gesto con la cabeza indicándole que se había ido por la puerta trasera. Luly se disculpó con la gente que la rodeaba y salió corriendo para buscar a Gonzalo. Lo encontró sentado en la puerta trasera, llorando como un niño pequeño.

 -Gonza, ¿qué te pasa? Perdona si te ha incomodado lo de antes.

El chico seguía con la cara enterrada entre las manos y apoyado en sus rodillas, no dejaba de llorar; miró por un momento a Luly y la abrazó, la abrazó muy fuerte, como si no quisiese dejarla escapar, seguía llorando apoyado en el hombro de la chica. Ella sólo pudo devolverle el abrazo y acariciarle el pelo en una muestra de protección. Cuando Gonzalo consiguió calmarse empezó a hablar, ya no se abrazaban, pero bajo ningún concepto quería perder el contacto físico con la chica, así que le cogió la mano, la miró a los ojos, esos ojos que le encantaban y le volvían loco y le dijo:

-Luly, eres lo mejor que me ha pasado en un mucho tiempo, eres la mejor persona que he conocido en toda mi vida, eres guapísima, simpática, amable, trabajadora y una guitarrista y cantante inmejorable, esa es la razón por la que estoy llorando, una persona como yo no merece las palabras que has dicho ahí dentro, tengo novia, una novia que no me quiere pero a la que le debo respeto de todas formas y la noche en tu piso no os respeté a ninguna de las dos, hice mal besándote. Debes buscar a alguien que esté a tu altura y que no juegue con los sentimientos de las personas.

Gonzalo empezó a llorar otra vez, se levantó de un salto y se marchó corriendo.