viernes, 20 de diciembre de 2013
Capítulo 12
[“Gonzalo la abrazó
hasta que se calmó, se separó un poco de ella y le dijo:
-Entiendo que
quieras tiempo o que no quieras saber nada de mí, sólo necesito decirte una
cosa más, es la primera vez que hago algo así, nunca he sido capaz de
declararme, o lo que quiera que haya sido eso que he dicho antes. Eres muy
importante para mí Luly.
Luly le sonrió y
acercó la cara del chico a la suya para besarlo, esta vez de verdad, después de
todo lo que habían pasado no se iba a conformar con un piquito…”]
Lousi y Gonzalo comenzaron un beso que parecía interminable
y que dejaba claro el deseo que ambos sentían por el otro. El beso rebosaba
esperanza, esperanza por un deseo cumplido, esperanza por haber encontrado a la
persona que necesitaban, esperanza por empezar algo nuevo juntos y dejar atrás
los malos momentos.
El beso cada vez se intensificaba más, sacando los
instintos más primarios de la pareja, que no podía ocultar la pasión que
sentían. Gonzalo se separó un momento de Luly para mirarla fijamente a los
ojos, le dio un corto y cálido beso en los labios y le dijo una de esas frases
que siempre había escuchado en las que ella llamaba “sus películas especiales”:
-Lousi, te quiero, te quiero como nunca he querido a nadie.
El día que nos conocimos vi algo diferente en ti, quizás la forma en que me
miraste, me hiciste sentir especial y eso había ocurrido muy pocas veces antes.
Me has regalado momentos inolvidables cuando nos quedábamos hasta las tantas
haciendo como que recogíamos el café. Gracias por demostrarme que puedo y
merezco ser feliz.
Luly no pudo contestar, al menos no con palabras; sólo pudo
sonreírle, asentir con la cabeza y besarle mientras susurraba un te quiero que
apenas llegó a oídos del chico. En ese momento la prisa que parecían tener por
estar juntos se esfumó. La pasión se transformó en delicadeza y volvieron a los
besos eternos y las caricias.
Gonzalo volvió a separarse de la chica, esta vez para
levantarse del sofá y colarse en la habitación de Luly para coger el disco de
Negative.
-Creo que la ocasión merece tener banda sonora, nuestra
banda sonora. –Dijo Gonzalo mientras le enseñaba el disco a la chica
El argentino puso la canción que le recordaba al día que se
conocieron, a ese paseo en coche hasta la casa de Luly después del primer día
que trabajaron juntos, a ese momento mágico que la chica creó cuando tocó para
él “Cryin” de Joe Satriani, a ese primer y rápido beso…
Gonzalo volvió al sofá para volver a besarla con
delicadeza, aunque ésta desapareció pronto para dejar paso a una pasión
contenida durante meses.
-Te quiero Gonza.- Eso fue lo
único que acertó a decir Luly mientras buscaba algo de aire entre los besos de
su argentino.
Empezaron a desnudarse apresuradamente
con la maestría que les permitían las ganas de estar juntos y entonces fueron
sólo uno.
Era la primera vez que Luly se
sentía así con un chico, Álex siempre fue muy frío en la cama, buscaba la
autosatisfacción, nunca pensaba en ella. Con Sergio fue diferente, su
grandullón era apasionado, buscaba que ambos disfrutasen, pero no le hacía
sentir lo mismo que su argentino, sin duda alguna Gonzalo era especial,
significaba mucho para ella, realmente estaba enamorada de él.
Cuando pudieron reponerse del esfuerzo
se dieron una ducha juntos, que terminó siendo más sucia de lo esperado.
Pero como parecía ser costumbre,
los buenos momentos no podían durar demasiado y mientras Luly se secaba el pelo
recibió un mensaje de quien menos lo esperaba:
“Te echo de menos, hace mucho que
no hablamos. Hasta donde sé, vives en Madrid y estás haciendo el bachillerato.
Luly, necesito hablar contigo, saber de ti, necesito verte otra vez. Te sigo
queriendo como el primer día. Álex”
A Luly se le heló la sangre
cuando leyó el mensaje, no entendía por qué su ex había decidido reaparecer en
su vida, una vez más sin pedir permiso. En ese momento su cabeza era un
huracán, no sabía qué hacer, le contestaba, lo ignoraba, se lo contaba a
Gonzalo…
jueves, 24 de octubre de 2013
Capítulo 11
17 de enero de
2007
Una semana,
había pasado una semana desde la pelea con Sergio, una semana desde que le
hiciese daño a una de las personas más importantes de su vida. Luly había
hablado con Jorge para que le diese esos días libres y así no encontrarse con
Sergio en el trabajo para no incomodarlo, ¿o realmente era por miedo?, el caso
era que la chica durante esa semana se había dedicado a llamar a Sergio para
disculparse por lo ocurrido, pero lo único que hizo fue convertirse en la mejor
amiga de su contestador. Sergio no le respondía las llamadas ni los más de 100
mensajes de texto que le había enviado y eso sólo empeoraba el estado de ánimo
de la chica, que cada día que pasaba sin saber de su amigo la hacía sentir peor
persona.
Luly estaba
desesperaba, no dejaba de mirar de soslayo al mueble alcohólico, pero
recordando lo que había pasado la última vez que lo asaltó lo mejor sería no
probar ni gota de alcohol. En ese momento sonó la puerta. La chica fue
corriendo a abrir con la esperanza de encontrarse tras ella a Sergio, pero era
Gonzalo quien la reclamaba.
-Ah Gonza, eres
tú. –Luly no pudo, ni quiso, ocultar la poca ilusión que le hacía esa visita.- ¿Qué
quieres?
-Joder
morochita, vaya recibimiento, casi mejor me voy.
-No Gonza, es
que esperaba que fuese Sergio. Verás, hace una semana discutimos y no he vuelto
a saber de él.
-¿Tan fuerte
fue la discusión?
A Luly se le
llenaron los ojos de lágrimas al recordar lo que Sergio le dijo después de que
ella tuviese ese lapsus linguae tan desafortunado. Gonzalo se acercó a ella, la
abrazó y le susurró al oído con ese acento argentino que la volvía loca:
-No te
preocupes preciosa, Sergio te adora; sea lo que sea lo que haya pasado, él te
perdonará, dale tiempo. Ningún hombre en su sano juicio sería capaz de alejarse
de ti.
La chica le
agradeció con una enorme sonrisa las palabras que acababa de decirle y lo
invitó a pasar.
-Por cierto
morochita, te traigo un regalo.-Dijo Gonzalo mientras le dedicaba una de esas sonrisas
que hacían que se derritiese y le extendía una bolsa de papel con varios
dibujos de latas y rollos de películas antiguas.
Cuando Luly vio
que el contenido de la bolsa eran dos de sus películas favoritas, “Sunrise: A
Song of Two Humans” y “Emma’s Glück (La Suerte de Emma)”, la cara se le iluminó
como a un niño el día de Reyes.
-¡No me lo
puedo creer Gonza! ¿Dónde las has encontrado? Llevo muchísimo tiempo buscando
estas películas y no había manera de dar con ellas. Muchas gracias, de verdad,
no sabes la ilusión que me hace.
-No tiene
importancia, uno tiene sus contactos y sabe aprovecharlos.-Dijo el chico
mientras enarcaba una ceja y sonreía de lado.-Me alegro de que te hayan gustado.
-Cómo para no
gustarme, son dos maravillas. ¡Dime que las has visto!
Gonzalo agachó
la cabeza y empezó a jugar con sus manos, mientras contestaba con un “no” muy
bajito.
-¡Eso es
imperdonable! Ahora mismo voy a hacer un bol de palomitas gigante y no te vas a
mover de aquí hasta que no las hayas visto.
Empezaron con
“La Suerte de Emma”, Luly era una fiel seguidora de su protagonista y vivía
enamorada de todo lo que hacía, pero esa película era especial. Por supuesto
acabó llorando, pero esta vez estaba acompañada de su argentino, que disimulaba
como podía que estaba al borde del llanto.
Cuando llego el
turno de “Sunrise: A Song of Two Humans” ambos se pusieron mucho más cómodos.
Gonzalo se tumbó de lado en el sofá, dejando el espacio justo para que cupiese
Luly y cuando la chica se recostó a su lado le pasó un brazo por encima y buscó
su mano hasta que pudo entrelazarla con la suya. La chica sonrió tímidamente y
se pegó aún más a él.
Los gestos de
complicidad y las caricias avanzaban junto a la película, Gonzalo comenzó a
darle besos en el pelo, mientras ella le hacía caricias en el brazo y la mano.
Todo parecía un juego inocente hasta que uno de los besos del chico rozó,
“casualmente”, el cuello de la chica. Luly se estremeció al sentir el beso de
su argentino y casi como un reflejo se giró de la manera más grácil que pudo
para quedar frente a él, muy cerca de su boca, casi rozándola.
-¿Y ahora qué
vas a hacer pibe?- Luly lo retaba con la miraba, no quería dejarse llevar por
sus hormonas, que ya saltaban al ritmo de la agitada respiración del chico.-
Llevas mareándome desde la noche que me trajiste a casa, primero estaba tu
novia de por medio, hace una semana me confesaste que estabas enamorado de otra
y ahora te plantas en mi casa por sorpresa, me regalas dos de mis películas
favoritas y dificilísimas de encontrar y te dedicas a calentarme... ¿Qué
quieres, echar un polvo e irte a buscar a buscar a la otra, esa que te tiene
loco? ¿O simplemente quieres torturarme un poco más con esta relación que no va
a ningún sitio?
-A ti Luly, ¡te
quiero a ti! Tú eres la chica de la que te hablé, tú eres la que me tiene loco
desde el primer día. Pero no quería hacerte daño, me conoces, sabes que soy
complicado y un inútil a la hora de expresar lo que siento. He intentado hacer
las cosas lo mejor que he podido para evitar justo situaciones como esta, pero
nunca sé cómo afrontar mis sentimientos, de verdad que lo siento. Ayer Sergio
estuvo hablando conmigo, quiere que sepas que sólo necesita tiempo, ahora no
puede hablar contigo, necesita recuperar su orgullo. Él fue quien me dijo que
te contase cómo me sentía.
Luly empezó a
llorar, no sabía cuál era exactamente el motivo, que Gonzalo acababa de decirle
que la quería, que Sergio tardaría en hablar con ella o una mezcla de las dos
cosas.
Gonzalo la
abrazó hasta que se calmó, se separó un poco de ella y le dijo:
-Entiendo que
quieras tiempo o que no quieras saber nada de mí, sólo necesito decirte una
cosa más, es la primera vez que hago algo así, nunca he sido capaz de
declararme, o lo que quiera que haya sido eso que he dicho antes. Eres muy
importante para mí.
Luly le sonrió
y acercó la cara del chico a la suya para besarle, pero esta vez de verdad, después
de todo lo que habían pasado no se iba a conformar con un piquito…
domingo, 13 de octubre de 2013
Capítulo 10
Enero de 2007
Habían pasado
un par de meses desde el fin de semana con Sergio. Luly siempre había visto esa
relación condenada al fracaso y no se equivocaba. Lo intentaron durante una
semana, pero la chica se sentía fatal, tenía la sensación de estar engañando a
su amigo porque no podía quitarse al argentino de la cabeza…Ainss, el
argentino, ese era otro tema; Gonzalo había estado un mes en Argentina,
aclarando sus ideas y sus sentimientos. Nada más llegó a Madrid llamó a Luly
para avisarla de su regreso y comentarle, de manera sutil, que lo había dejado
con Carol definitivamente. Desde la vuelta de Gonzalo los dos estaban mucho más
unidos, pero como amigos y Sergio, aunque lo intentaba con todas sus fuerzas,
no pudo evitar distanciarse un poco de Luly. Por su parte, la chica hizo la
visita navideña a sus padres y disfrutó de unos días rodeada de sus amigos y su
familia que hicieron que volviese a Madrid con las pilas cargadas. En la
cafetería todo seguía igual, trabajaba por las tardes y los sábados daba su
mini concierto. En el instituto tenía muy buenas notas y pocos amigos, ya que
centraba toda su energía en sacar las asignaturas y trabajar.
10 de enero
Como cada día, Luly había ido a clase por la mañana y después de comer y estudiar un poco había llegado a la cafetería muy puntual. Lo raro fue que el único que estaba dentro era Gonzalo.
-Gonza, ¿qué pasa
con el resto de los chicos?
-Verás
morochita, les he pedido que llegasen un poco más tarde hoy para que tú y yo
pudiésemos hablar tranquilamente.
Luly sólo pudo
mover la cabeza en un gesto de aprobación mientras le suplicaba con la mirada
que le explicase lo que quería antes de que le diese un ataque al corazón.
-A ver cómo te
digo esto, eres mi mejor amiga aquí y sé que puedo confiar en ti para cualquier
cosa.-El chico estaba realmente nervioso, no paraba de mover las manos mientras
miraba al suelo mostrando así su vergüenza.- Es que creo que me gusta una chica
y no sé cómo decírselo, no dejo de pensar en ella, me resulta imposible
quitármela de la cabeza. Quiero que sepa todo lo que siento pero me da miedo
que ella no me corresponda, morochita, ¿qué hago?
Luly estaba
desconcertada, le estaba resultando realmente difícil controlar toda la rabia
que sentía en ese momento, ¿de verdad estaba enamorado de otra? La chica hizo
un gran esfuerzo evitando ponerse a llorar ahí mismo y aconsejó al que por lo
visto sólo sería su amigo lo mejor que pudo:
-Pues no sé Gonzalo,
observa cómo se comporta cuando está contigo, cómo te mira, si le gusta
sentirte cerca cuando habláis porque busca cierto contacto contigo y si ves que
tienes la más mínima posibilidad ve a por ella, eres un chico fantástico,
seguro que te dice que siente lo mismo.
-Gracias bebé, eres realmente una amiga.
Esa última
frase destrozó a Luly y a la poca esperanza que tenía de estar con Gonzalo. Ya
no podía más, así que esperó hasta que llegó Jorge y le dijo que estaba enferma,
que necesitaba descansar. A Jorge le bastó mirar la mala cara de la chica para
no dudar de su palabra y la dejó marcharse.
Cuando la Lousi
llegó a su piso fue directa al mueble alcohólico de las emergencias y sacó la
botella de Jack Daniels de reserva y un poco de tequila que quedaba en un
botella de la que desconocía su existencia, se puso el disco de LeatherMouth,
también conocido como el disco para gritar y sacar toda la mierda que guardaba
y empezó a bebes, llorar y gritar bajo la voz de Frank Iero.
Ya había
escuchado el disco entero dos veces, había acabado el tequila y la botella de
su adorado Jack estaba llegando a la mitad, cuando se levantó del sofá de un
salto para buscar el móvil y hacer la que sería la llamada más egoísta de su vida:
-¿Grandullón?
Te necesito, por favor ven a mi piso.
Sergio vaciló
unos segundos, pero Lousi era su debilidad, sabía que había pasado algo con
Gonzalo y no era capaz de dejarla así.
-Salgo para
allá ahora mismo niña.
Nada más sonar
el timbre Luly salió disparada hacia la puerta y casi no la había abierto
cuando ya estaba colgada del cuello de Sergio buscando su boca.
El chico
intentó evitar el beso, pero era ella, era su pequeña, su debilidad y se dejó
hacer mientras la chica lo besaba con ansia, con rabia, con fuerza. En el
momento en el que la chica quiso quitarle la camiseta Sergio la frenó,
atrapando sus brazos con una mano:
-¿Estás segura
de que esto es lo que quieres? Luly, no me vuelvas loco, ya sabes lo que siento
por ti.
La chica le
contestó con una media sonrisa terriblemente sexy que lo desarmó.
Empezaron a
hacer el amor como animales, Luly no le demostraba el más mínimo nivel de
cariño, casi no lo besaba, no dejaba que la tocase, parecía que sólo quería desahogarse y eso lo estaba haciendo que se sintiese como un saco de boxeo, un sparring con el
que descargar toda su rabia. En ese momento Sergio volvió a pararla, pero ojalá
no lo hubiese hecho, porque hubiese preferido no escuchar la reacción de la chica:
-¿Qué haces? ¿Por
qué coño paras Gonzalo? Luly no sabía dónde meterse cuando fue consciente de lo
que había dicho y se sintió la peor persona del mundo cuando vio que Sergio
estaba llorando.
-¿Gonzalo? ¡¿Gonzalo?!
... ¡No Luly, no, me llamo Sergio, Seeer-Giooo! ¡Gonzalo es el que te está
mareando, el que lleva loco por ti desde que te vio pero no tiene cojones para
decírtelo! Yo soy tu amigo fiel, el que acude en tu ayuda cada vez que lo
necesitas, el que te confesó lo que sentía por ti arriesgando muchas cosas, el
que ha salido de su casa corriendo porque tú lo necesitabas para echar un polvo
pensando en otro, ese soy yo, ¡el gilipollas de turno! ¿Pero sabes una cosa? ¡Se acabó! Estoy harto
de ti, harto de que me utilices a tu antojo. ¡Vete a la mierda Luly!
Sergio se fue dando un portazo y Luly se quedó en el suelo, llorando y maldiciéndose por haber hecho esa llamada y por haber hecho daño a la única persona que de verdad la quería.
domingo, 6 de octubre de 2013
Capítulo 9
Sergio se
acercó a la chica, le dedicó una de sus sonrisas perfectas y la besó. Besaba
realmente bien, era un beso tierno, dulce, sus bocas encajaban a la perfección.
Cuando se separaron Luly lo miró y se
mordió el labio inferior en un gesto de picardía.
-Joder
grandullón, y yo que pensaba que eras tímido…Hacía tanto que no me daban un
beso así.
Luly no quería
pensar en Gonzalo, dedicaría el día entero a Sergio, se lo merecían los dos, su
amigo por tratarla tan bien y ella por el sofocón.
Sergio no podía
dejar de mirarla, era tan guapa y se veía tan indefensa, necesitaba abrazarla y
no dejarla ir nunca, así que siguió su instinto, la cogió por la cintura y
volvió a besarla; pero esta vez dejó de lado la ternura y la besó con pasión,
dejando que su lengua invadiera la de la chica y recorriera cada rincón. Ella
se dejaba hacer, su amigo besaba realmente bien y en el tiempo que había estado
con Álex nunca la había besado así, nunca le había demostrado tanta pasión en
un solo beso. Luly no pudo resistirlo más y colocó sus manos en la nuca del
chico, entonces empezó a acercar la boca de éste aún más a la suya, haciendo
imposible que el aire corriese entre los dos.
Cuando se
separaron para recuperar el aliento ella le dedicó la mirada más ardiente que
nadie pueda imaginar y prácticamente se abalanzó sobre él. La respuesta del
chico fue agarrarla por las caderas para acabar cogiéndola en brazos mientras
repasaba cada centímetro de su espalda por debajo de la camiseta, llegando
hasta donde ésta pierda el nombre, para magrear también esa zona. Cada vez
hacía más calor en el pequeño salón del piso y la respiración de ambos era
entrecortada, Sergio ya estaba sin camiseta y con los pantalones desabrochados
y Luly hacía tiempo estaba en ropa interior. Cuando se percataron de la
situación ambos se echaron a reir
-Grandullón,
¿quién te ha dado permiso para empelotarme, y lo más importante, por qué tú
llevas tanta ropa?
Sergio no había
podido contestar cuando Luly ya estaba quitándole los pantalones y repasando la
gomilla del cada vez más ajustado bóxer
de su compañero.
-Madre mía
Sergio, no sé si esto está bien, somos amigos, muy amigos; pero te miro y no
puedo resistirme. Prométeme que pase lo que pase nada va a cambiar entre
nosotros.
-En primer
lugar pequeñaja, hoy somos pareja, ¿te acuerdas? Y en segundo lugar, decidas lo
que decidas, prometo seguir siempre a tu lado. De todas formas, si tienes dudas
estamos a tiempo de parar, no quiero que te sientas presionada.
Escuchar esas
palabras hicieron que Luly se convenciera aún más de que su amigo era el hombre
perfecto para olvidar los malos momentos, además, desde que lo dejó con Álex no
había catado varón y claro, no era de piedra… Así que no lo pensó más y volvió
a abalanzarse sobre Sergio. Éste la dejó caer sobre el sofá para colocarse
encima de ella mientras se deshacía del sujetador. Los pechos de su amiga era
una de sus debilidades y cuando los tuvo frente a él no pudo evitar llevárselos
a la boca, haciendo que la chica dejase escapar los primeros gemidos. Ella se
vio en la obligación de devolverle el favor y colocó su mano dentro del bóxer
de su amigo.
Luly intentó
tomar el control de la situación haciendo un movimiento brusco para quedar a
horcajadas encima del chico. Luly empezó a moverse encima del paquete de su
compañero, que no dejaba de reaccionar ante los movimientos de la chica,
entonces fue Sergio quien no pudo reprimir un gemido mientras le pedía a su
amiga que parara con la voz entrecortada. La chica le hizo caso y paró en seco,
pero sólo para quitarle los bóxers y
cambiar el movimiento de vaivén de sus caderas por el de su mano.
Sergio estaba
fuera de sí, repetía el nombre de la chica una y otra vez, hasta que se
incorporó de golpe, cogió a Luly como a una
muñeca y volvió a quedar encima de ella.
-Ahora me toca
a mí señorita. Dijo Sergio enarcando una ceja y sonriendo pícaramente.
Entonces empezó
a besar las braguitas de Luly antes de quitárselas de golpe y sin previo aviso
introdujo uno de sus dedos en la chica, para poco después introducir otro,
haciendo que Lousi se retorciese de placer y comenzase a gemir sin parar cuando
el chico empezó a moverlos en su interior.
-Joder Sergio, no seas malo.
Sergio obedeció
a la chica y con un rápido movimiento sacó los dedos del interior de Lousi para
introducir otra parte de él.
El ritmo
aumentaba por momentos, ambos gritaban el nombre del otro sin parar, se besaban
con fuerza, se acariciaban, no dejaron ni
una parte del cuerpo del otro sin tocar, y entonces una corriente
recorrió el cuerpo de Luly, haciendo que se pusiese rígida y dejase escapar un
fuerte gemido. Pocos segundos después esa misma corriente recorrió el cuerpo de
Sergio, que se dejó caer sobre la chica después de darle un tierno beso en los
labios.
El día iba
transcurriendo realmente bien, tomaron una ducha juntos, salieron a comer,
fueron de compras y al cine y terminaron cenando en un restaurante precioso.
Cuando llegaron al piso, ambos se dejaron caer en el sofá mientras miraban la
tele sin ver nada. Ella pensaba en Gonzalo, no podía quitárselo de la cabeza; Sergio
era un sol, dulce, simpático, tierno, pero no le daba un vuelco el corazón cada
vez que lo veía o cada vez que la tocaba; mientras que le bastaba una sola
mirada de Gonzalo para que se le aflojasen las piernas.
Él la miraba
con la boca abierta mientras le acariciaba el pelo, la conocía bien y era
totalmente consciente de que la perdía por momentos, tendría que atacar por el
punto débil de la chica, la música. Así que se levantó del sofá para ir la
habitación de la chica poniéndole una excusa absurda y empezó a buscar entre
los CD’s hasta que dio con su objetivo: “Led Zeppelin III”.
Sin decir nada,
volvió al salón, apagó la tele y puso el disco.
Ese disco era
una de las debilidades de Luly, siempre decía que era una de las cosas más
sexis que había oído nunca, especialmente la canción “Since I’ve Been Loving
You” y Sergio iba a aprovechar ese punto extra para volver a intentar
conquistar a Luly.
El chico
preparó un par de copas mientras sonaba “Immigrant Song” y ambos empezaron a
bailar como locos mientras pasaban las canciones. Cuando llegó LA CANCIÓN
Sergio se acercó a Luly por detrás mientras le acariciaba la cintura con una
mano y le apartaba el pelo con la otra para empezar a besarle el cuello. La
chica sólo podía moverse al ritmo de la música mientras que se dejaba tocar por
Sergio, excitándose cada vez más. El chico metió una de sus manos por debajo
del jersey de Luly para empezar a acariciar esos pechos libres de sujetador que
le volvían loco y la chica no pudo evitar colocar su mano hasta el ya
prominente paquete de su amigo. La intensidad de las caricias iba aumentando
cuando la pareja se dejó caer al suelo para empezar a desnudarse. Como si de
dos poseídos se tratase empezaron a hacer el amor sin ningún tipo de
miramiento, como salvajes, los dos gritaban, gemían, sollozaban sin parar,
hasta que se dejaron envolver otra vez por esa corriente que ya habían
experimentado en la mañana, sólo que esta vez la corriente se había
multiplicado por 10.
Los dos cayeron
rendidos mientras la música seguía sonando y entonces Luly se dio cuenta de que
no pensaba en Gonzalo, lo único que quería era abrazar a Sergio, agradecerle el
momento que habían vivido, besarlo y sentirlo cerca de ella. Pero esa sensación
de plenitud duró poco, cuando empezó a sonar “Gallows Pole” empezó a llorar,
las lágrimas caían solas sin que pudiese hacer nada por evitarlo, había cantado
esa canción más de cien veces con Gonzalo mientras recogían la cafetería los
fines de semana y en ese momento supo lo que tenía que hacer.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Capítulo 8
Cuando vio a
Gonzalo marcharse corriendo Luly se derrumbó, empezó a llorar con rabia y
desesperación. Hacía un mes que conocía a Gonzalo, pero podía decir con la boca
bien grande que lo quería, que estaba totalmente enamorada de él y cada día que
pasaba se veía un pasito más lejos de él.
La chica ocupó
el sitio que había dejado libre Gonzalo y adoptó la misma postura, se tapó la
cara con las manos, se agachó hasta que sus manos tocaron sus rodillas y siguió
llorando como una cría. En ese momento alguien le pasó un brazo por la espalda
y le dio un tierno beso en el pelo. La chica se giró con la esperanza de
encontrar a su argentino, pero lo que vio fueron los enormes ojos de Sergio, uno de sus compañeros de trabajo.
Sergio era un par de años mayor que ella, muy alto (superaba el metro noventa)
y delgado, muy moreno, tanto de piel como de cabello y llevaba un precioso
tatuaje en su antebrazo izquierdo. Sergio era el único amigo de verdad que
había encontrado en Madrid, no importaba la hora que fuese, él siempre estaba
ahí para escucharla; aunque Luly nunca le había contado lo que sentía por
Gonzalo, no entendía por qué, pero algo le decía que esa información podía
esperar.
Luly se giró,
hundió su cara en el pecho del chico, lo abrazó y continuó llorando. Sergio no
le preguntó qué le pasaba, tan solo la abrazó, transmitiéndole cariño, apoyo y
dulzura con ese gesto; sólo le dijo una frase:
-Sabes que
estoy aquí para ti, ahora desahógate, tómate el tiempo que necesites y cuando
estés preparada me cuentas lo que te pasa.
Después de más
de diez minutos llorando sin parar, Luly empezó a serenarse, se separó de su
amigo y le contó todo la historia con Gonzalo, lo que sentía por él y lo que
había pasado entre ellos la noche que se conocieron.
Sergio no sabía
cómo reaccionar, se quedó frío, no esperaba escuchar esa historia. Él estaba
loco por Luly y saber que ella estaba enamorada de otro era la peor noticia que
podía recibir. Se tomó unos segundos
para decidir qué hacer y optó por seguir con la versión amigo; le dijo que no
se rindiese, que pelease por él, que ella era una chica increíble y guapísima y
que cualquier hombre en su sano juicio daría la vida por estar con ella.
Tras oír las
palabras de su amigo, Luly lo abrazó con fuerza y le pidió que la llevase a
casa. Una vez allí volvió a pedirle otro favor un pelín más especial.
-Grandullón, ¿te quedarías esta noche conmigo?
No me encuentro con fuerzas para pasar otra noche sola pensando en Gonzalo y
viendo películas pastelosas.
-Claro
pequeñaja, me quedaré encantado. Dame cinco minutos, voy a por unas cosas, ve
subiendo.
Sergio se
acercó a la tienda del final de la calle y compró cervezas, helado de
chocolate, palomitas y chucherías. Cuando Luly le abrió y vio todo lo que traía
una gran sonrisa se dibujó en su cara, Sergio era el mejor amigo del mundo.
Al final sí
hubo película pastelosa, pero verla abrazada a su amigo comiendo helado y chucherías
era lo mejor que podía imaginar.
Cuando acabó la
película Sergio sacó las cervezas y la botella de emergencia (una botella de
Jack Daniels que Luly reservaba para los mejores y los peores momentos).
Pasaron de la película noña a ver lives de MCR, Negative, Metallica …
Se pasaban las horas volando y el alcohol iba
haciendo efecto, Sergio y Luly estaban cantando a pleno pulmón y saltando en el
sofá. Desde que Gonzalo pronunció la frase “y a los 17 conocí a mi chica” era
la primera vez que Luly era realmente feliz, estaba en su salsa y todo gracias
a su amigo
-Sergio, te
quiero grandullón, eres el mejor amigo del mundo. –A Luly se le amontonaban las
palabras por culpa de la borrachera.
Su amigo no
pudo evitar reírse a carcajadas cuando la miró a la cara, estaba medio bizca,
con un ojo casi cerrado y esa sonrisa de satisfacción que sólo ponemos cuando
estamos borrachos.
-Yo también te
quiero, incluso con la cara que llevas ahora mismo. Luly se miró al espejo,
después miró a su amigo y los dos rompieron a reir en una sonora carcajada.
El chico hizo
un parón para ir al baño y fue entonces cuando aprovechó para poner sus ideas
en orden. Realmente quería a Luly, ella lo veía como un amigo, pero igual era
el momento de decirle lo que sentía, siempre podía echarle la culpa a la
borrachera.
Pero cuando
volvió al salón Luly estaba dormida como un tronco, así que lo más que pudo
hacer fue cogerla en brazos para dejarla en la cama. Cuando Sergio volvía al
salón para dormir en el sofá Luly le agarró por la camiseta y le dijo como pudo
que se quedase con ella.
Sergio se metió
en la cama con la chica, la abrazó y le dio un tierno beso en la mejilla.
Estuvo mirando como dormía hasta que el sueño y el alcohol pudieron con él.
A la mañana
siguiente Sergio se despertó pronto aunque no tenían que trabajar, Jorge les había dado el domingo de descanso
porque Lauti y su mujer volvían a Argentina el lunes y querían pasar el día en
familia.
Se levantó sin
hacer ruido y preparó el desayuno para los dos. Cuando acabó, volvió a la habitación
para despertar a Luly.
-Pequeña
alcohólica, el desayuno está listo y de postre te espera una sabrosa aspirina
anti resaca.
La respuesta de
la chica fue sacarle la lengua y darse media vuelta.
-No me obligues
a sacarte de la cama, he preparado el desayuno y no voy a consentir que se
enfría. Voy a contar hasta tres y si no te levantas voy a tirarte de la cama.
Luly rió por lo bajo y se hizo la dormida para
provocar a su amigo, que no tuvo más remedio que cogerla en brazos y llevarla
al salón como si fuese un saco de patatas, echada encima del hombro.
Después del
desayuno la chica se encargó de recoger todo el desorden que habían dejado la
noche anterior mientras Sergio se daba una ducha. En ese momento su teléfono sonó,
era un mensaje de Gonzalo; cuando iba a leerlo se dio cuenta de que tenía otro
mensaje de él, se lo había mandado a las 3 de la mañana, pero con la que tenían
formada Sergio y ella no había escuchado el móvil. Luly empezó leyendo el
mensaje que Gonzalo le había dejado la noche anterior.
“Luly, voy a dejar a Carol, ella no me quiere y
me he dado cuenta de que siento cosas muy fuertes por otra persona. Voy a ser
valiente y empezaré a afrontar lo que me pasa”
La chica empezó a saltar y a gritar, ¡la iba a
dejar!, vale que en el mensaje no decía nada de ella, pero ¿por qué se lo iba a
contar a ella a las 3 de la mañana sino era porque tenía algo que ver?
En ese momento
de euforia se acordó del otro mensaje. Cuando acabó de leerlo toda la euforia
que tenía después de leer el primer mensaje se esfumó.
“Luly, he hablado con Carol, pero no puedo
dejarla, me da miedo que esa persona no me corresponda y nadie vuelva a estar
conmigo. Creo que voy a volver a
Argentina, por lo menos por un tiempo, para aclarar mis ideas”
No podía ser
verdad lo que estaba leyendo, no entendía nada, primero le dice que va a arriesgarse, que va a luchar por la persona
a la que quiere, y horas después se arrepiente. La chica no pudo contener las
lágrimas, si le pusieran a Gonzalo delante en ese momento lo único que haría
sería darle un puñetazo en la cara.
Cuando Sergio
salió del baño y vio a Luly, sólo le
dijo:
-¿Qué te ha
hecho esta vez? Y la abrazó, dándole todo el cariño que Luly necesitaba en ese
momento.
La chica le
enseñó los mensajes y entonces Sergio se dio cuenta de que le habían dado el
empujón que necesitaba para decirle lo que sentía a Luly.
-Lousi, está
claro que esa otra persona eres tú, pero no puedes estar esperando a que se
decida, ya le has lanzado mil indirectas para que se dé cuenta de lo que
sientes por él y sinceramente, Gonzalo tiene que ser gilipollas, muy
gilipollas, si te deja escapar por estar con una tía que se aprovecha de él.
Una chica como tú merece lo mejor, y si me dejas puedo intentar dártelo. Lousi,
te quiero y no sólo como mi amiga, te
quiero de verdad y si me das una oportunidad te puedo demostrar que soy la
persona que te va a hacer olvidar a Gonzalo. Mira, hoy no tenemos que ir a
trabajar, podemos pasar el día entero juntos, como una pareja y si cuando acabe
no te gusta lo que has visto, mañana volveremos a estar como siempre. Qué me
dices, ¿quieres ser mi chica por un día?
-Sergio, eres
increíble, pero sabes que estoy enamorada de Gonzalo, no quiero hacerte daño o
engañarte.
-No pienses en
eso, déjame demostrarte todo lo que puedo ofrecerte y mañana me das la
respuesta.
Luly se lo
pensó un momento, pero finalmente aceptó, al fin y al cabo, Sergio era su
amigo, el único que la hacía reír cuando nadie podía , era guapo, buena persona
y un encanto, por qué no intentarlo. La chica lo miró unos segundos para acabar
diciendo:
-Bueno
grandullón, ¿y qué tienes pensado para impresionarme?
viernes, 27 de septiembre de 2013
Capítulo 7
¡La había
besado, Gonzalo la había besado! Había sido todo tan rápido, casi no podía
creérselo, pero no podía dejar de pensar en Carol, Gonzalo tenía novia, en
Argentina sí, pero la tenía. Estaba haciendo un gran esfuerzo por no imaginarse
con Gonzalo, el chico le encantaba, pero se acababan de conocer, trabajaban
juntos, era el hijo de su jefe y tenía novia. Las cosas no iban a ser
demasiados fáciles y volverían a verse el domingo en la cafetería.
Ni Luly ni
Gonzalo habían podido pegar ojo pensando en el beso y en cómo sería el
reencuentro a la mañana siguiente. Finalmente, ambos optaron por la normalidad
absoluta, se dieron los buenos días y empezaron a trabajar. Ese día no hubo
bromas ni jueguecitos a diferencia del día anterior, cada uno atendía a su
trabajo y claro, eso no pasó desapercibido para Nico, que se acercó a hablar
con Luly.
-Hola morochita
-¿Morochita? No
sé lo que me has llamado, pero me gusta.
-Así es como
decimos morenita en Argentina. ¿Puedo preguntarte una cosa?
-Claro Nico,
¿hay algún problema?
-Verás, ayer
noté que mi hermano Gonza y tú teníais mucha química desde el primer momento y
hoy apenas habéis hablado, ¿pasó algo anoche? -Luly no pudo evitar sonrojarse-
No sé si mi hermano te lo comentaría ayer, pero él tiene novia, a ninguno nos
gusta Carol, sabemos que se beneficia de ser la novia del hijo de, sólo busca algo de
fama, pero Gonza está enganchado a ella,
he hablado varias veces con él y siempre dice lo mismo, le da miedo dejarla
porque piensa que nadie va a poder enamorarse de él, que nadie va a poder
querer al hijo feo de Jorge y por eso aguanta que ella lo manipule y se aproveche
de él. Y ayer cuando estabais juntos vi a mi hermano feliz, sonreía de verdad,
se dice que no sonríes de verdad si no lo haces con los ojos, y ayer, cuando
Gonza estaba contigo, sonreía con los ojos. No es de mi incumbencia si pasó
algo entre vosotros ayer, pero quiero pedirte un favor, si te gusta o crees que
puede llegar a gustarte, ten paciencia y demuéstrale lo que sientes; pero si
sólo lo ves como un amigo o una distracción, por favor, házselo saber ya.
Luly estaba
descolocada, no sabía qué decir, Gonzalo le dijo que tenía novia, pero no le
contó lo que sentía realmente, estaba claro que el chico le gustaba desde la primera
vez que lo vio, pero no sabía cómo digerir lo que le había dicho Nico. La chica
se limitó a darle las gracias por la charla y a prometerle que no le haría daño
a su hermano.
Al final del
día Jorge se acercó a hablar con ella, y a Luly se le aceleró el corazón, ¿no
le preguntaría también por Gonzalo, verdad? Esta vez la conversación fue mucho
más agradable que la que había tenido en la mañana con Nico. Su jefe le dijo
que Gonzalo le había comentado que ella tocaba la guitarra muy bien y que sería
una buena idea para atraer clientes que tocase los sábados por la tarde en la cafetería.
-Por
casualidad, ¿sabes cantar? –Le preguntó Jorge
-Bueno, lo
intento, aunque eso de exponerme en público no le llevo del todo bien.
-Si te parece
bien, el sábado de la semana que viene abrimos un par de horas más tarde y
hacemos unas pruebas de sonido aquí, si estás dispuestas a comprometerte y
conseguimos más clientes, en un par de meses tendrás un aumento de sueldo, ¿qué
me dices?
-No perdemos
nada por probar.
Jorge le dedicó
una gran sonrisa y le tendió la mano, Luly le devolvió ambos gestos y se dieron
un gran apretón de manos.
Se cumplía un
mes desde la charla con su jefe y lo de
los mini conciertos los sábados por la tarde estaba dando resultado, Luly
llevaba mejor lo de su miedo escénico, en gran parte gracias a Gonzalo, que
había cumplido su palabra de colocarse en primera fila para que le resultase
más fácil tocar, aunque la relación entre ellos era algo distante. En cuanto a
los temas elegidos para sus conciertos nunca faltaba algo de My Chemical
Romance, normalmente “Desert song”, “Demolition Lovers” o “Disenchanted”; Sum 41, especialmente “Crash”, “Some Say” o “Pieces”
y “King For A Day” de Green Day, para alegrar un poco la tarde.
Como esa tarde
celebraba el primer mes trabajando y tocando en la cafetería haría un
repertorio especial y daría un paso al frente(o por lo menos lo intentaría) con
Gonzalo.
Luly empezó
tocando “Summer song” de Satriani, después algunas de sus adorados MCR y un par
de Blink-182, para acabar con una dedicatoria especial.
-Hace poco un
amigo y el modo aleatorio de su IPod, hicieron que descubriese un grupo
finlandés impresionante, Negative, me enamoré perdidamente de ellos desde que
escuché la primera nota de la canción “Touchless”. Desde entonces los he
escuchado todo lo que he podido y más y ahora quiero agradecerle a ese amigo el
descubrimiento de este grupo tan increíble y el hecho de llevar en este pequeño
escenario un mes. Espero que mi amigo sepa que estoy hablando de él y le guste
la canción de Negative que he elegido, es “Still Alive”.
Luly miró de
soslayo a Gonzalo, que estaba emocionado y sonrojado y apenas podía mirarla. La
chica le dedicó una gran sonrisa y empezó a cantar, mirándolo directamente a
él, ni siquiera quería disimular, necesitaba cantarle cada segundo de la
canción a él, en parte, ella había estado muerta desde que rompió con Álex y cuando
conoció a Gonzalo volvió a vivir y a ser feliz.
La chica ponía más énfasis en algunas partes de la canción
mientras Gonzalo la miraba con adoración:“In my deepest fears I'm losing you,
even if somebody tried to stop my heart, I'm still alive…I will never give up”, “I'm right here where you
want me to be fighting with myself”.
Cuando acabó de tocar todo el mundo empezó a
aplaudir y a darle la enhorabuena, pero le faltaba alguien, Gonzalo no estaba,
buscó a Nico con la mirada y éste le hizo un gesto con la cabeza indicándole
que se había ido por la puerta trasera. Luly se disculpó con la gente que la
rodeaba y salió corriendo para buscar a Gonzalo. Lo encontró sentado en la puerta
trasera, llorando como un niño pequeño.
-Gonza, ¿qué
te pasa? Perdona si te ha incomodado lo de antes.
El chico seguía con la cara enterrada entre las
manos y apoyado en sus rodillas, no dejaba de llorar; miró por un momento a
Luly y la abrazó, la abrazó muy fuerte, como si no quisiese dejarla escapar,
seguía llorando apoyado en el hombro de la chica. Ella sólo pudo devolverle el
abrazo y acariciarle el pelo en una muestra de protección. Cuando Gonzalo
consiguió calmarse empezó a hablar, ya no se abrazaban, pero bajo ningún
concepto quería perder el contacto físico con la chica, así que le cogió la
mano, la miró a los ojos, esos ojos que le encantaban y le volvían loco y le
dijo:
-Luly, eres lo mejor que me ha pasado en un mucho
tiempo, eres la mejor persona que he conocido en toda mi vida, eres guapísima,
simpática, amable, trabajadora y una guitarrista y cantante inmejorable, esa es
la razón por la que estoy llorando, una persona como yo no merece las palabras
que has dicho ahí dentro, tengo novia, una novia que no me quiere pero a la que
le debo respeto de todas formas y la noche en tu piso no os respeté a ninguna
de las dos, hice mal besándote. Debes buscar a alguien que esté a tu altura y
que no juegue con los sentimientos de las personas.
Gonzalo empezó a llorar
otra vez, se levantó de un salto y se marchó corriendo.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Capítulo 6
-Lousi, si
quieres te acerco a casa, mi padre me ha dejado el coche para que no tengas que
dejarte un dineral en el taxi.
La chica no podía negarse, cogió su guitarra y empezó a tocar “Cryin” de Joe Satriani,
le había costado mucho aprender esa canción y se sentía especialmente orgullosa
de haberla sacado.
Gonzalo estaba
impresionado, no podía dejar de mirarla, estaba tan sexy tocando la guitarra y
la canción era una de sus favoritas, de manera inconsciente se sentó con las piernas
cruzadas delante de ella, apoyó los codos en las rodillas y se dedicó a mirarla
con la boca abierta hasta que acabó de tocar.
-¡Luly, tocas
genial! Y encima has elegido una de mis canciones favoritas, me encanta Joe
Satriani. Sabes, podría proponerle a mi padre que toques los sábados por la
tarde en la cafetería, ¿qué te parece?
-Gonzalo no sé, me da mucha vergüenza tocar
delante de la gente, suelo bloquearme si hay mucha gente mirándome.
-Vamos a hacer un trato, deja que se lo diga a
mi padre y si acepta prometo ponerme en la mesa más cercana al escenario, haz
como ahora, mira a tu guitarra y piensa que estamos solos, así lo clavarás,
estoy seguro.
-Bueno…podríamos
intentarlo.
Al ver que Luly
aceptaba su propuesta Gonzalo se levantó del suelo de un salto y la abrazó como
un niño pequeño abraza a sus padres después de regalarle su juguete soñado, se
podía decir que el chico era la viva imagen de la felicidad.
-Emm,
¡claro!, muchas gracias Gonzalo. –La sonrisa estúpida seguía sin borrarse de su
cara, estaba totalmente hipnotizada con el chico, su acento y su sonrisa, que
era la más adorable del mundo, irradiaba felicidad por donde pasaba.
Subieron al
coche y Gonzalo encendió su Ipod; por primera vez en todo el día ninguno de los
dos sabía qué decir, pero el silencio no era incómodo en absoluto, disfrutaban
de la música, de vez en cuando sus miradas se cruzaban, sonreían y volvían a la
música. Comenzó a sonar otra canción, “Touchless” de Negative, era uno de las
canciones más bonitas y tristes que Luly había escuchado, la voz del cantante
era impresionante, sólo pudo cerrar los ojos y recostar la cabeza en la
ventanilla del coche. Cuando llegó el estribillo las miradas de los chicos
volvieron a cruzarse, ambos sonrieron y se ruborizaron, parecía que la canción
leía sus pensamientos y decía lo que ninguno de los dos quería o podía decir:
“Hold me…Kiss me…Love me…Don’t ever leave me”. Después de esa canción ninguno
de los dos se atrevió a mirar al otro y sólo escuchaban la música. Así llegaron
al piso del Lousi y entonces de manera inconsciente, la chica dejó que su
cabeza hablase por ella:
-Gonzalo,
¿querrías subir?
-Ehhh, c-
claro, c- claro. El chico tartamudeó al dar la respuesta, la propuesta de Luly
lo había dejado totalmente descolado.
La chica le
enseñó el piso, que tampoco tenía mucho que mostrar, salón poco amueblado,
cocina minúscula con lavadero y cuarto de baño. Lousi dejó su habitación para
el final, sin saber exactamente por qué, quizás porque era lo mejor de la casa
o porque tenía a su queridísima guitarra presidiendo la estancia.
-Bonita
guitarra Lousi, es una verdadera preciosidad
-¡Muchas
gracias! Me la compré hace unos meses, estaba pasando por un momento personal
algo complicado y nada más verla me enamoré. Ha sido la mejor terapia. -Luly
recordó entonces su ruptura con Álex y no pudo evitar sentir un fuerte pinchazo
en el estómago.
-Luly, sé que acabamos de conocernos, pero se ve de lejos que eres una
chica increíble y no mereces estar mal, si quieres puedes contarme lo que pasó
y así sueltas todo lo que llevas dentro. –Gonzalo le dedicó una de sus sonrisas
enormes y sin darse cuenta otra sonrisa idéntica se dibujó en la cara de la chica.
Luly empezó a contarle todo lo que había pasado con Álex, como apareció
la música para hacerle ver las cosas de otra manera y darle ese empujoncito que
todos necesitamos para dar un puñetazo en la mesa y cambiar las cosas.
En las casi 3 horas de
conversación también hubo tiempo para la vida de Gonzalo.
-He visitado muchos países
gracias a las giras de mi padre, pero cuando Lauti cumplió los 10 Jorge decidió
dejar la música y fue entonces cuando empecé
a tener la vida de un niño
normal. A los 16 tuve mi primera novia, pero duró muy poco y a los 17 conocí a mi
chica.
“Y a los 17 conocí a mi chica”, esas palabras resonaban en la cabeza de
Luly, tenía novia, su argentino de sonrisa y acento perfecto, tenía novia;
pero, ¿y las miraditas y las sonrisas? ¿y las bromas en la cafetería?
Cualquiera que los viese desde fuera pensaría que entre ellos había algo, ¿o
eran imaginaciones suyas?
Luly intentó mantener la compostura y hacer las preguntas típicas en
esa situación.
-¿Y cómo lleváis la distancia?
-La verdad es que no muy bien, siempre tengo que ser yo el que la llama
y se preocupa por ella, hay veces que pienso que no le importo, que en realidad
está conmigo sólo por la fama que tiene mi padre en mi país. Luly, ¿te importa
si cambiamos de tema? No me siento del todo cómodo, ¿por qué no tocas algo para
mí?
La chica no podía negarse, cogió su guitarra y empezó a tocar “Cryin” de Joe Satriani,
le había costado mucho aprender esa canción y se sentía especialmente orgullosa
de haberla sacado.
Gonzalo estaba
impresionado, no podía dejar de mirarla, estaba tan sexy tocando la guitarra y
la canción era una de sus favoritas, de manera inconsciente se sentó con las piernas
cruzadas delante de ella, apoyó los codos en las rodillas y se dedicó a mirarla
con la boca abierta hasta que acabó de tocar.
-¡Luly, tocas
genial! Y encima has elegido una de mis canciones favoritas, me encanta Joe
Satriani. Sabes, podría proponerle a mi padre que toques los sábados por la
tarde en la cafetería, ¿qué te parece?
-Gonzalo no sé, me da mucha vergüenza tocar
delante de la gente, suelo bloquearme si hay mucha gente mirándome.
-Vamos a hacer un trato, deja que se lo diga a
mi padre y si acepta prometo ponerme en la mesa más cercana al escenario, haz
como ahora, mira a tu guitarra y piensa que estamos solos, así lo clavarás,
estoy seguro.
-Bueno…podríamos
intentarlo.
Al ver que Luly
aceptaba su propuesta Gonzalo se levantó del suelo de un salto y la abrazó como
un niño pequeño abraza a sus padres después de regalarle su juguete soñado, se
podía decir que el chico era la viva imagen de la felicidad.
Después del abrazo Gonzalo se quedó mirándola, era realmente guapa, tenía unos ojos oscurísimos, profundos y enormes y los labios más carnosos y apetecibles que había visto nunca. Sin pensarlo dos veces se acercó más a ella y la besó, fue un beso rápido, se podía decir que sólo dejó que sus labios rozasen los de ella, pero fue el mejor beso de su vida. En ese momento Gonzalo se acordó de Carol, su chica, no se sentía mal por ella, era una auténtica zorra, sabía que lo utilizaba, pero no quería que Luly se sintiese como un segundo plato, así que se disculpó y salió rápidamente del piso de la chica.
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