domingo, 6 de octubre de 2013
Capítulo 9
Sergio se
acercó a la chica, le dedicó una de sus sonrisas perfectas y la besó. Besaba
realmente bien, era un beso tierno, dulce, sus bocas encajaban a la perfección.
Cuando se separaron Luly lo miró y se
mordió el labio inferior en un gesto de picardía.
-Joder
grandullón, y yo que pensaba que eras tímido…Hacía tanto que no me daban un
beso así.
Luly no quería
pensar en Gonzalo, dedicaría el día entero a Sergio, se lo merecían los dos, su
amigo por tratarla tan bien y ella por el sofocón.
Sergio no podía
dejar de mirarla, era tan guapa y se veía tan indefensa, necesitaba abrazarla y
no dejarla ir nunca, así que siguió su instinto, la cogió por la cintura y
volvió a besarla; pero esta vez dejó de lado la ternura y la besó con pasión,
dejando que su lengua invadiera la de la chica y recorriera cada rincón. Ella
se dejaba hacer, su amigo besaba realmente bien y en el tiempo que había estado
con Álex nunca la había besado así, nunca le había demostrado tanta pasión en
un solo beso. Luly no pudo resistirlo más y colocó sus manos en la nuca del
chico, entonces empezó a acercar la boca de éste aún más a la suya, haciendo
imposible que el aire corriese entre los dos.
Cuando se
separaron para recuperar el aliento ella le dedicó la mirada más ardiente que
nadie pueda imaginar y prácticamente se abalanzó sobre él. La respuesta del
chico fue agarrarla por las caderas para acabar cogiéndola en brazos mientras
repasaba cada centímetro de su espalda por debajo de la camiseta, llegando
hasta donde ésta pierda el nombre, para magrear también esa zona. Cada vez
hacía más calor en el pequeño salón del piso y la respiración de ambos era
entrecortada, Sergio ya estaba sin camiseta y con los pantalones desabrochados
y Luly hacía tiempo estaba en ropa interior. Cuando se percataron de la
situación ambos se echaron a reir
-Grandullón,
¿quién te ha dado permiso para empelotarme, y lo más importante, por qué tú
llevas tanta ropa?
Sergio no había
podido contestar cuando Luly ya estaba quitándole los pantalones y repasando la
gomilla del cada vez más ajustado bóxer
de su compañero.
-Madre mía
Sergio, no sé si esto está bien, somos amigos, muy amigos; pero te miro y no
puedo resistirme. Prométeme que pase lo que pase nada va a cambiar entre
nosotros.
-En primer
lugar pequeñaja, hoy somos pareja, ¿te acuerdas? Y en segundo lugar, decidas lo
que decidas, prometo seguir siempre a tu lado. De todas formas, si tienes dudas
estamos a tiempo de parar, no quiero que te sientas presionada.
Escuchar esas
palabras hicieron que Luly se convenciera aún más de que su amigo era el hombre
perfecto para olvidar los malos momentos, además, desde que lo dejó con Álex no
había catado varón y claro, no era de piedra… Así que no lo pensó más y volvió
a abalanzarse sobre Sergio. Éste la dejó caer sobre el sofá para colocarse
encima de ella mientras se deshacía del sujetador. Los pechos de su amiga era
una de sus debilidades y cuando los tuvo frente a él no pudo evitar llevárselos
a la boca, haciendo que la chica dejase escapar los primeros gemidos. Ella se
vio en la obligación de devolverle el favor y colocó su mano dentro del bóxer
de su amigo.
Luly intentó
tomar el control de la situación haciendo un movimiento brusco para quedar a
horcajadas encima del chico. Luly empezó a moverse encima del paquete de su
compañero, que no dejaba de reaccionar ante los movimientos de la chica,
entonces fue Sergio quien no pudo reprimir un gemido mientras le pedía a su
amiga que parara con la voz entrecortada. La chica le hizo caso y paró en seco,
pero sólo para quitarle los bóxers y
cambiar el movimiento de vaivén de sus caderas por el de su mano.
Sergio estaba
fuera de sí, repetía el nombre de la chica una y otra vez, hasta que se
incorporó de golpe, cogió a Luly como a una
muñeca y volvió a quedar encima de ella.
-Ahora me toca
a mí señorita. Dijo Sergio enarcando una ceja y sonriendo pícaramente.
Entonces empezó
a besar las braguitas de Luly antes de quitárselas de golpe y sin previo aviso
introdujo uno de sus dedos en la chica, para poco después introducir otro,
haciendo que Lousi se retorciese de placer y comenzase a gemir sin parar cuando
el chico empezó a moverlos en su interior.
-Joder Sergio, no seas malo.
Sergio obedeció
a la chica y con un rápido movimiento sacó los dedos del interior de Lousi para
introducir otra parte de él.
El ritmo
aumentaba por momentos, ambos gritaban el nombre del otro sin parar, se besaban
con fuerza, se acariciaban, no dejaron ni
una parte del cuerpo del otro sin tocar, y entonces una corriente
recorrió el cuerpo de Luly, haciendo que se pusiese rígida y dejase escapar un
fuerte gemido. Pocos segundos después esa misma corriente recorrió el cuerpo de
Sergio, que se dejó caer sobre la chica después de darle un tierno beso en los
labios.
El día iba
transcurriendo realmente bien, tomaron una ducha juntos, salieron a comer,
fueron de compras y al cine y terminaron cenando en un restaurante precioso.
Cuando llegaron al piso, ambos se dejaron caer en el sofá mientras miraban la
tele sin ver nada. Ella pensaba en Gonzalo, no podía quitárselo de la cabeza; Sergio
era un sol, dulce, simpático, tierno, pero no le daba un vuelco el corazón cada
vez que lo veía o cada vez que la tocaba; mientras que le bastaba una sola
mirada de Gonzalo para que se le aflojasen las piernas.
Él la miraba
con la boca abierta mientras le acariciaba el pelo, la conocía bien y era
totalmente consciente de que la perdía por momentos, tendría que atacar por el
punto débil de la chica, la música. Así que se levantó del sofá para ir la
habitación de la chica poniéndole una excusa absurda y empezó a buscar entre
los CD’s hasta que dio con su objetivo: “Led Zeppelin III”.
Sin decir nada,
volvió al salón, apagó la tele y puso el disco.
Ese disco era
una de las debilidades de Luly, siempre decía que era una de las cosas más
sexis que había oído nunca, especialmente la canción “Since I’ve Been Loving
You” y Sergio iba a aprovechar ese punto extra para volver a intentar
conquistar a Luly.
El chico
preparó un par de copas mientras sonaba “Immigrant Song” y ambos empezaron a
bailar como locos mientras pasaban las canciones. Cuando llegó LA CANCIÓN
Sergio se acercó a Luly por detrás mientras le acariciaba la cintura con una
mano y le apartaba el pelo con la otra para empezar a besarle el cuello. La
chica sólo podía moverse al ritmo de la música mientras que se dejaba tocar por
Sergio, excitándose cada vez más. El chico metió una de sus manos por debajo
del jersey de Luly para empezar a acariciar esos pechos libres de sujetador que
le volvían loco y la chica no pudo evitar colocar su mano hasta el ya
prominente paquete de su amigo. La intensidad de las caricias iba aumentando
cuando la pareja se dejó caer al suelo para empezar a desnudarse. Como si de
dos poseídos se tratase empezaron a hacer el amor sin ningún tipo de
miramiento, como salvajes, los dos gritaban, gemían, sollozaban sin parar,
hasta que se dejaron envolver otra vez por esa corriente que ya habían
experimentado en la mañana, sólo que esta vez la corriente se había
multiplicado por 10.
Los dos cayeron
rendidos mientras la música seguía sonando y entonces Luly se dio cuenta de que
no pensaba en Gonzalo, lo único que quería era abrazar a Sergio, agradecerle el
momento que habían vivido, besarlo y sentirlo cerca de ella. Pero esa sensación
de plenitud duró poco, cuando empezó a sonar “Gallows Pole” empezó a llorar,
las lágrimas caían solas sin que pudiese hacer nada por evitarlo, había cantado
esa canción más de cien veces con Gonzalo mientras recogían la cafetería los
fines de semana y en ese momento supo lo que tenía que hacer.
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