domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 10

Enero de 2007

 

Habían pasado un par de meses desde el fin de semana con Sergio. Luly siempre había visto esa relación condenada al fracaso y no se equivocaba. Lo intentaron durante una semana, pero la chica se sentía fatal, tenía la sensación de estar engañando a su amigo porque no podía quitarse al argentino de la cabeza…Ainss, el argentino, ese era otro tema; Gonzalo había estado un mes en Argentina, aclarando sus ideas y sus sentimientos. Nada más llegó a Madrid llamó a Luly para avisarla de su regreso y comentarle, de manera sutil, que lo había dejado con Carol definitivamente. Desde la vuelta de Gonzalo los dos estaban mucho más unidos, pero como amigos y Sergio, aunque lo intentaba con todas sus fuerzas, no pudo evitar distanciarse un poco de Luly. Por su parte, la chica hizo la visita navideña a sus padres y disfrutó de unos días rodeada de sus amigos y su familia que hicieron que volviese a Madrid con las pilas cargadas. En la cafetería todo seguía igual, trabajaba por las tardes y los sábados daba su mini concierto. En el instituto tenía muy buenas notas y pocos amigos, ya que centraba toda su energía en sacar las asignaturas y trabajar.

 

10 de enero

 

Como cada día, Luly había ido a clase por la mañana y después de comer y estudiar un poco había llegado a la cafetería muy puntual. Lo raro fue que el único que estaba dentro era Gonzalo. 

-Gonza, ¿qué pasa con el resto de los chicos?

-Verás morochita, les he pedido que llegasen un poco más tarde hoy para que tú y yo pudiésemos hablar tranquilamente.

Luly sólo pudo mover la cabeza en un gesto de aprobación mientras le suplicaba con la mirada que le explicase lo que quería antes de que le diese un ataque al corazón.

-A ver cómo te digo esto, eres mi mejor amiga aquí y sé que puedo confiar en ti para cualquier cosa.-El chico estaba realmente nervioso, no paraba de mover las manos mientras miraba al suelo mostrando así su vergüenza.- Es que creo que me gusta una chica y no sé cómo decírselo, no dejo de pensar en ella, me resulta imposible quitármela de la cabeza. Quiero que sepa todo lo que siento pero me da miedo que ella no me corresponda, morochita, ¿qué hago?

Luly estaba desconcertada, le estaba resultando realmente difícil controlar toda la rabia que sentía en ese momento, ¿de verdad estaba enamorado de otra? La chica hizo un gran esfuerzo evitando ponerse a llorar ahí mismo y aconsejó al que por lo visto sólo sería su amigo lo mejor que pudo:

-Pues no sé Gonzalo, observa cómo se comporta cuando está contigo, cómo te mira, si le gusta sentirte cerca cuando habláis porque busca cierto contacto contigo y si ves que tienes la más mínima posibilidad ve a por ella, eres un chico fantástico, seguro que te dice que siente lo mismo.

-Gracias bebé, eres realmente una amiga. 

Esa última frase destrozó a Luly y a la poca esperanza que tenía de estar con Gonzalo. Ya no podía más, así que esperó hasta que llegó Jorge y le dijo que estaba enferma, que necesitaba descansar. A Jorge le bastó mirar la mala cara de la chica para no dudar de su palabra y la dejó marcharse.

 

Cuando la Lousi llegó a su piso fue directa al mueble alcohólico de las emergencias y sacó la botella de Jack Daniels de reserva y un poco de tequila que quedaba en un botella de la que desconocía su existencia, se puso el disco de LeatherMouth, también conocido como el disco para gritar y sacar toda la mierda que guardaba y empezó a bebes, llorar y gritar bajo la voz de Frank Iero.

Ya había escuchado el disco entero dos veces, había acabado el tequila y la botella de su adorado Jack estaba llegando a la mitad, cuando se levantó del sofá de un salto para buscar el móvil y hacer la que sería  la llamada más egoísta de su vida:

-¿Grandullón? Te necesito, por favor ven a mi piso.

Sergio vaciló unos segundos, pero Lousi era su debilidad, sabía que había pasado algo con Gonzalo y no era capaz de dejarla así.

-Salgo para allá ahora mismo niña.

 

Nada más sonar el timbre Luly salió disparada hacia la puerta y casi no la había abierto cuando ya estaba colgada del cuello de Sergio buscando su boca.

El chico intentó evitar el beso, pero era ella, era su pequeña, su debilidad y se dejó hacer mientras la chica lo besaba con ansia, con rabia, con fuerza. En el momento en el que la chica quiso quitarle la camiseta Sergio la frenó, atrapando sus brazos con una mano:

-¿Estás segura de que esto es lo que quieres? Luly, no me vuelvas loco, ya sabes lo que siento por ti.

La chica le contestó con una media sonrisa terriblemente sexy que lo desarmó.

Empezaron a hacer el amor como animales, Luly no le demostraba el más mínimo nivel de cariño, casi no lo besaba, no dejaba que la tocase, parecía que sólo quería desahogarse y eso lo estaba haciendo que se sintiese como un saco de boxeo, un sparring con el que descargar toda su rabia. En ese momento Sergio volvió a pararla, pero ojalá no lo hubiese hecho, porque hubiese preferido no escuchar la reacción de la chica:

-¿Qué haces? ¿Por qué coño paras Gonzalo? Luly no sabía dónde meterse cuando fue consciente de lo que había dicho y se sintió la peor persona del mundo cuando vio que Sergio estaba llorando.

-¿Gonzalo? ¡¿Gonzalo?! ... ¡No Luly, no, me llamo Sergio, Seeer-Giooo! ¡Gonzalo es el que te está mareando, el que lleva loco por ti desde que te vio pero no tiene cojones para decírtelo! Yo soy tu amigo fiel, el que acude en tu ayuda cada vez que lo necesitas, el que te confesó lo que sentía por ti arriesgando muchas cosas, el que ha salido de su casa corriendo porque tú lo necesitabas para echar un polvo pensando en otro, ese soy yo, ¡el gilipollas de turno!  ¿Pero sabes una cosa? ¡Se acabó! Estoy harto de ti, harto de que me utilices a tu antojo. ¡Vete a la mierda Luly!

 Sergio se fue dando un portazo y Luly se quedó en el suelo, llorando y maldiciéndose por haber hecho esa llamada y por haber hecho daño a la única persona que de verdad la quería.

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