jueves, 19 de junio de 2014

Capítulo 13

[…Pero como parecía ser costumbre, los buenos momentos no podían durar demasiado y mientras Luly se secaba el pelo recibió un mensaje de quien menos lo esperaba:

“Te echo de menos, hace mucho que no hablamos. Hasta donde sé, vives en Madrid y estás haciendo el bachillerato. Luly, necesito hablar contigo, saber de ti, necesito verte otra vez. Te sigo queriendo como el primer día. Álex”

A Luly se le heló la sangre cuando leyó el mensaje, no entendía por qué su ex había decidido reaparecer en su vida, una vez más sin pedir permiso. En ese momento su cabeza era un huracán, no sabía qué hacer, le contestaba, lo ignoraba, se lo contaba a Gonzalo…]


Habían pasado diez minutos…diez jodidos minutos, y ella seguía sin reaccionar, sin saber qué hacer y eso la ponía aun más nerviosa. No soportaba la manera en la que Álex la descolocaba, no soportaba ese poder que seguía ejerciendo sobre ella.
Entonces escuchó a su argentino canturreando en la ducha con ese estilo propio que hacía que fuese insoportable escucharlo, pero que a la vez era increíblemente adorable, y supo que no podía perder lo mejor que tenía en la vida por un simple sms de la persona que peor se lo había hecho pasar y decidió contestar y cortar cualquier posible respuesta siendo lo más tajante que pudo:
“Álex, no entiendo a qué viene este mensaje, pero te dejé bien claro que no quiero saber nada de ti,  N-A-D-A. Estoy con alguien que me trata como merezco, me valora y me hace feliz y además lo adoro, lo quiero como nunca he querido a nadie, así que, para de buscarme las cosquillas y déjame tranquila. No quiero hablar contigo, no quiero que me cuentes tu vida, no quiero contarte la mía. Sé que no te importa una mierda cómo me va el instituto ni nada de eso. Adios”
Decidida, pulsó la tecla enviar, abrió rápidamente el mueble alcohólico para darle un trago a los restos que quedaban en la botella de su adorado Jack y reponer así algo de valentía, y fue derecha a contarle lo que había pasado a Gonzalo.
Como era de esperar, al argentino no le hizo ninguna gracia el episodio “quiero recuperar el contacto contigo después de haberte puteado hasta el extremo”, pero estaba muy orgulloso de la reacción de su chica (obviamente, Luly había maquillado un poco la historia y había pasado por alto el tiempo que había tardado en reaccionar y el empujoncito de valentía que le había pedido a su amigo Jack Daniels), era una prueba de entrega en la relación y eso lo hacía tremendamente feliz.



Septiembre  2007
El verano había transcurrido tranquilo. Los cambios más significativos habían sido un pequeño acercamiento con Sergio, que cada vez se parecía más a su grandullón y un aumento en su sueldo debido al buen funcionamiento de la cafetería los fines de semana (en gran parte gracias a los conciertos de Luly, que cada vez atraían a más gente curiosa y deseosa de oír cantar a la chica)
Era una etapa serena, feliz y plena en todos los aspectos de su vida, algo raro en la vida de la chica, que estaba a escasas semanas de hacerse un año mayor.
En la cafetería todos empezaban a planear una fiesta sorpresa que, si salía como pensaban, sería la mejor fiesta sorpresa jamás hecha; habría música, muuuucha música, cine, whisky y muchos regalos. Aunque sin duda el regalo más especial iba a ser el de Gonzalo. El argentino había podido conseguir entradas para el concierto que My Chemical Romance daba en Madrid justo el día después del cumpleaños de su chica, que ya estaba convencida de que se había quedado sin entradas y tenía un disgusto enorme. Además, gracias a los contactos que aun conservaba su padre de su etapa en el mundo de la música, tenía en su poder unos maravillosos pases VIP para poder conocer a los integrantes del grupo; ahora sólo quedaba apañárselas para quitarle a Luly los discos de MCR de su habitación y que así pudiesen firmarle todos y cada uno de ellos. Incluso estaba pensando en mover algunos hilos más para intentar que su morena de ojos profundos pudiese mostrarle sus dotes con la guitarra y su magnífica voz a los que sin ninguna duda eran sus ídolos y referentes en el mundo de la música.

La fecha del concierto se estaba acercando peligrosamente y Gonza seguía sin poder tomar prestados los cds de MCR de la habitación de su chica. Para Luly sus discos eran como un tesoro enorme, como un montón de lingotes y monedas de oro y como tal los conservaba, lo único que le faltaba era guardarlos bajo llave. El argentino no sabía qué hacer para conseguir su objetivo, así que aprovechó que la amistad entre Sergio y su chica estaba volviendo a su cauce para usar a éste como compinche en la operación “Luly te quiero, pero no vuelvo a darte una sorpresa en la vida”.
Gonzalo llamó a Sergio para contarle la sorpresa que tenía casi preparada para Luly y el papel fundamental que debía tener él en toda la historia:
-Verás, había pensado hacerlo todo el mismo día del concierto porque ella ya no esperará nada, pensará que todo el alboroto de su cumpleaños acabó con la fiesta sorpresa. Entonces me encargaré de buscar una película que le resulte imposible rechazar y la sacaré de casa con la excusa del cine; cuando hayamos salido te mandaré un mensaje para que entres en su casa con la llave que te dejaré bajo el felpudo y podrás coger tranquilamente los cds y la guitarra. Tú serás el encargado de llevarlos a la zona de backstage donde te estará esperando el chico que me ha ayudado a conseguir los pases VIPs. ¿Capice? –El argentino estaba tan entusiasmado como agobiado por todo lo que se le venía encima.
-Madre mía Gonzalo….Menudo estrés, pero todo sea porque Luly tenga el regalo que merece. Cuenta conmigo, y no dudes en pedirme cualquier cosa que necesites. Por cierto, no puedes hacerte una idea de lo que me alegra ver cómo te desvives por  mi enana, por fin tiene alguien que la trata como merece. –Estas palabras hicieron que el estómago de Sergio se retorciese, pero no podía hacer otra cosa que aceptar la relación de Luly y Gonzalo y alegrarse de que su pequeña fuese feliz.
-Gracias Sergio, eres una pieza clave en la vida de Lousi y me alegra ver que habéis superado los malos momentos y que apruebas lo nuestro. Y por supuesto, muchas gracias formar parte de todo esto, ya sabes lo importante que son esos chicos para ella.


16 de septiembre de 2007

El día D había llegado, Luly no sospechaba nada y estaba encantada con la fiesta sorpresa del día anterior en la cual no faltó ni un detalle. Tuvo su tarta soñada con los personajes principales de ‘Pesadilla antes de Navidad’; tuvo  a todos sus compañeros más unidos que nunca acompañándola en su día especial; tuvo un montón de regalos preciosos y con mucha carga emocional, como a ella le gustaba y lo más importante, tuvo a la persona que la hacía feliz, que la cuidaba y la quería, a su lado, sin separarse de ella en ningún momento.
Lo que Luly no sabía es que todavía le quedaba lo mejor, el concierto de MCR.

-Lul, había pensado que podíamos ir al cine para ver esa película que tanto tiempo llevas esperando, la de Day-Lewis, ¿cómo se llamaba?
-‘La Balada de Jack y Rose’. ¡No me digas que ya está en cartelera!
-Sip, y había pensado que sería un buen plan para pasar la resaca post cumple, ¿qué te parece?
-¿Qué qué me parece? ¡¿Qué que me parece?! Pues que me va a parecer, que tengo el mejor novio del mundo y que te quiero con locura. Voy a por mi bolso y nos vamos. O mejor aún, te doy un súper beso, cojo el bolso y nos vamos.
La chica enrolló sus brazos alrededor del cuello del argentino y le dio un beso tierno y rebosante de cariño, agradecimiento y, por supuesto, pasión. –Te quiero Gonzalo. Te quiero como nunca pensé que podía llegar a querer.-Susurró la chica en la oreja de un sonriente Gonzalo.
El camino al “cine” fue tranquilo para ella y desquiciante para él, eso de tener que manejar más de dos cosas a la vez nunca fue su fuerte.
Una vez recibió el mensaje de Sergio con la confirmación de la entrega de los cds y la guitarra al chico del backstage se relajó un poco y empezó a disfrutar de la situación; le bastaba pensar en la cara que podría su chica cuando viese donde iban en realidad para que una sonrisa enorme iluminase su cara.
Dejó el coche a una distancia prudente para que su chica no se oliese nada antes del concierto y la convenció para dar un paseo antes de entrar al “cine”.

El chico miró el reloj, era el momento de decirle hacía donde se dirigían en realidad
-Luly, tengo que decirte una cosa. –El argentino se puso todo lo serio que pudo, aunque tuvo que morderse el labio para no reírse al mirar la cara de espanto que había puesto su chica- No vamos al estreno de ninguna película, te he engañado. Espero que me perdones, pero necesitaba dar este paseo contigo.
-Ah, muy bonito. No puedes decirme “¿por qué no damos un paseo?” como dice todo el mundo. Tienes que engañarme como a los niños pequeños.
Gonzalo no pudo contener más la risa y soltó una sonora carcajada que desquició aún más a la chica.
-Perdona Luly, es que no se me ocurría otra forma de darte la sorpresa
-¿Qué sorpresa? No intentes ar…
Luly no pudo ni terminar la frase cuando se percató de lo que sacaba su chico del bolsillo. No eran nada más y nada menos que dos entradas para el concierto de My Chemical Romance.
-Oh dios…Oh dios…¡¿Cómo las has conseguido?!¿Por qué eres tan bueno conmigo?¿Te he dicho ya que te quiero más que a nada y nadie en el mundo?- La chica era la viva imagen de la felicidad, no dejaba de saltar, besas y abrazar a Gonzalo.
Cuando pasó el ataque de amor-alegría de Luly, por fin se dirigieron al recinto donde se celebraba el concierto. Una vez dentro, el tiempo parecía haberse detenido para la chica, que no hacía más que contar los minutos que faltaban para ver a sus chicos ,(como ellas los llamaba), subir al escenario aunque según su percepción, las agujas del reloj no se movían ni un ápice. De repente se apagaron todas las luces excepto una, un foco enorme que alumbraba al escenario y entonces todo el mundo empezó a gritar, la batería ya sonaba, y Frank Iero, el espejo en el cual se miraba para ser mejor guitarrista había saltado, casi literalmente, a escena. El mejor día de su vida había comenzado.


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